8/05/2018, 16:19
«¿Pero de qué va este tío?», pensó Akame ante la respuesta de Kagetsuna. Claramente en Colapescado se estaba viviendo una situación que podía ser calificada casi de estado de excepción; si las palabras de Yemi Sin Yemas eran ciertas, una organización criminal parecía haber tomado el pueblo sin que ni el Daimyō ni la Arashikage hicieran nada por remediarlo. «Y aun así este muchacho parece tomárselo como un juego...»
Antes de que le diera tiempo a contestar, la kunoichi llamada Reika se le adelantó. Aseguró que sí conocía a Kagetsuna de antes y a juzgar por su relato, el del parche en el ojo no había quedado en un buen lugar precisamente. La imagen que ahora tenía Akame en su cabeza distaba mucho de la apariencia de tipo duro que el shinobi estaba intentando hacerles ver.
—Vaya, eso es bastante esclarecedor, Reika-san —comentó Akame, que se estaba aguantando las ganas de usar aquella información para pinchar al tuerto. La situación ameritaba templanza—. Kagetsuna-san, ya déjate de berrinches infantiles. Eres un ninja, muestra algo de profesionalidad. Está claro que si los tres trabajamos juntos tendremos más posibilidades de resolver esta situación de forma satisfactoria.
«¿Es que no lo entiende? ¿O simplemente no le importa acabar muerto por una tontería así?»
Ante la pregunta de Reika, Yemi Sin Yemas soltó un suspiro de resignación.
—Hace ya unos cuantos años. La gente... Bueno, aquí nadie le ha visto la cara. Pero su brazo es largo y llega a todos los rincones de Colapescado, eso se lo aseguro, kunoichi-san —admitió con cierto abatimiento—. Fija los precios de nuestros negocios, nos exige una "cuota" mensual, como ellos le dicen, a cambio de protección... ¡Protección contra sus propios subordinados!
El cocinero volvió a dejarse caer en su asiento, y la plaza quedó por un momento en completo silencio.
—¿Cómo nos van a ayudar? —preguntó, desesperado.
Antes de que le diera tiempo a contestar, la kunoichi llamada Reika se le adelantó. Aseguró que sí conocía a Kagetsuna de antes y a juzgar por su relato, el del parche en el ojo no había quedado en un buen lugar precisamente. La imagen que ahora tenía Akame en su cabeza distaba mucho de la apariencia de tipo duro que el shinobi estaba intentando hacerles ver.
—Vaya, eso es bastante esclarecedor, Reika-san —comentó Akame, que se estaba aguantando las ganas de usar aquella información para pinchar al tuerto. La situación ameritaba templanza—. Kagetsuna-san, ya déjate de berrinches infantiles. Eres un ninja, muestra algo de profesionalidad. Está claro que si los tres trabajamos juntos tendremos más posibilidades de resolver esta situación de forma satisfactoria.
«¿Es que no lo entiende? ¿O simplemente no le importa acabar muerto por una tontería así?»
Ante la pregunta de Reika, Yemi Sin Yemas soltó un suspiro de resignación.
—Hace ya unos cuantos años. La gente... Bueno, aquí nadie le ha visto la cara. Pero su brazo es largo y llega a todos los rincones de Colapescado, eso se lo aseguro, kunoichi-san —admitió con cierto abatimiento—. Fija los precios de nuestros negocios, nos exige una "cuota" mensual, como ellos le dicen, a cambio de protección... ¡Protección contra sus propios subordinados!
El cocinero volvió a dejarse caer en su asiento, y la plaza quedó por un momento en completo silencio.
—¿Cómo nos van a ayudar? —preguntó, desesperado.