10/05/2018, 12:59
«De modo que también has tenido tu buena ración de aventuras con Kaido-kun», pensó Daruu, mientras se hacía un ovillo al lado de la hoguera, utilizando su propia chaqueta, hecha un rollo, a modo de almohada. El mundo era pequeño, muy pequeño. Daruu había oído ya más de una vez algo sobre sus compañeros mientras hablaba con algún extranjero. «Supongo que los ninjas estamos destinados a coincidir, ¿eh?»
Cerró los ojos, y no tardó en dormirse, no sin antes darle vueltas a la cabeza sobre si realmente estarían seguros alrededor de esa hoguera. Habían tenido tantas sorpresas desagradables...
Afortunadamente, no pasó nada.
Daruu fue el primero que despertó. Arrugó la nariz: a su lugar llegó el olor de las brasas consumidas de la hoguera. Se levantó, y sintió la urgente necesidad de apartarse del claro para vaciar la vejiga. Mientras lo hacía, intentó hacerse a la idea de que tendría que mantener dos pájaros de caramelo hasta la costa, y se preguntó si tendría las fuerzas necesarias. Flexionó un par de veces las piernas.
Estaba terriblemente cansado, para qué nos vamos a engañar. Le dolía todo el cuerpo —el golpe del día anterior había sido uno de los fuertes— y si por su instinto fuese, se habría comido otro jabalí. Pero su mente estaba puesta ya en su casa, en Amegakure. En su habitación, donde sin duda dormitaría durante varios días después de aquella particular odisea.
Volvió con Datsue y le empujó suavemente la espalda con un pie.
—Eh, Datsue. Venga. Datsue. Vámonos de aquí ya. —Se dio la vuelta, se alejó a una distancia prudencial, formuló los sellos y escupió las dos masas de caramelo, una de color púrpura y la otra de color arena—. No te espero más, eh.
Cerró los ojos, y no tardó en dormirse, no sin antes darle vueltas a la cabeza sobre si realmente estarían seguros alrededor de esa hoguera. Habían tenido tantas sorpresas desagradables...
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Afortunadamente, no pasó nada.
Daruu fue el primero que despertó. Arrugó la nariz: a su lugar llegó el olor de las brasas consumidas de la hoguera. Se levantó, y sintió la urgente necesidad de apartarse del claro para vaciar la vejiga. Mientras lo hacía, intentó hacerse a la idea de que tendría que mantener dos pájaros de caramelo hasta la costa, y se preguntó si tendría las fuerzas necesarias. Flexionó un par de veces las piernas.
Estaba terriblemente cansado, para qué nos vamos a engañar. Le dolía todo el cuerpo —el golpe del día anterior había sido uno de los fuertes— y si por su instinto fuese, se habría comido otro jabalí. Pero su mente estaba puesta ya en su casa, en Amegakure. En su habitación, donde sin duda dormitaría durante varios días después de aquella particular odisea.
Volvió con Datsue y le empujó suavemente la espalda con un pie.
—Eh, Datsue. Venga. Datsue. Vámonos de aquí ya. —Se dio la vuelta, se alejó a una distancia prudencial, formuló los sellos y escupió las dos masas de caramelo, una de color púrpura y la otra de color arena—. No te espero más, eh.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)