11/05/2018, 14:24
Datsue llegó al edificio Uzukage con sus mejores galas. Su recién adquirido chaleco sobre el torso; su nueva y reluciente placa de jōnin anudada al brazo izquierdo; y un pantalón azul oscuro que le llegaba hasta las pantorrillas. Portaba sus habituales adornos: un diminuto pendiente con forma de fūma shuriken de tres puntas en el lóbulo derecho; un anillo de sello de plata con el símbolo del clan Uchiha en el dedo corazón; y, el que destacaba por encima de todos ellos, su sonrisa.
Sí, su sonrisa, porque el Uzukage había requerido de su presencia. Seguramente para felicitarle por el éxito de sus últimas misiones, se había dicho. O quizá para encomendarle alguna misión que solo él, Uchiha Datsue el Intrépido, uno de los jōnins más jóvenes de la Villa, podía hacer. ¿O sería acaso para pedirle consejo sobre algún tema delicado? No lo sabía, pero tenía claro una cosa: su Kage le necesitaba.
«Joder, ¿¡y si lo que quiere es subirme el sueldo!?» A Datsue le dio un vuelco al corazón. «Vamos, vamos, tranquilízate. No presupongamos nada por el momento».
Al pasar al lado de recepción, guiñó el ojo a modo de saludo a Uzumaki Kiyomo, que en aquellos momentos se encontraba trabajando allí. Normalmente se hubiese quedado a charlar algo con ella, pero hacer esperar a un Kage era una pésima idea. Subió por las escaleras a paso rápido, junto al chūnin que había ido a avisarle. A decir verdad, encontraba a aquel joven un poco tenso. Sin duda, Uchiha Datsue sabía la razón: le impresionaba estar en la presencia de un Hermano del Desierto. «Ay, estos chicos de hoy en día. Si soy como otro cualquiera, hombre».
Al llegar al tercer y último piso, recorrió el largo pasillo que conducía a una puerta doble con el símbolo del remolino carmesí en el centro. Llamó a la puerta —dos veces— y esperó a oír el permiso para pasar.
Sí, su sonrisa, porque el Uzukage había requerido de su presencia. Seguramente para felicitarle por el éxito de sus últimas misiones, se había dicho. O quizá para encomendarle alguna misión que solo él, Uchiha Datsue el Intrépido, uno de los jōnins más jóvenes de la Villa, podía hacer. ¿O sería acaso para pedirle consejo sobre algún tema delicado? No lo sabía, pero tenía claro una cosa: su Kage le necesitaba.
«Joder, ¿¡y si lo que quiere es subirme el sueldo!?» A Datsue le dio un vuelco al corazón. «Vamos, vamos, tranquilízate. No presupongamos nada por el momento».
Al pasar al lado de recepción, guiñó el ojo a modo de saludo a Uzumaki Kiyomo, que en aquellos momentos se encontraba trabajando allí. Normalmente se hubiese quedado a charlar algo con ella, pero hacer esperar a un Kage era una pésima idea. Subió por las escaleras a paso rápido, junto al chūnin que había ido a avisarle. A decir verdad, encontraba a aquel joven un poco tenso. Sin duda, Uchiha Datsue sabía la razón: le impresionaba estar en la presencia de un Hermano del Desierto. «Ay, estos chicos de hoy en día. Si soy como otro cualquiera, hombre».
Al llegar al tercer y último piso, recorrió el largo pasillo que conducía a una puerta doble con el símbolo del remolino carmesí en el centro. Llamó a la puerta —dos veces— y esperó a oír el permiso para pasar.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado