12/05/2018, 19:06
Sin embargo, antes de tocar tierra, fueron interrumpidos por un joven peliblanco. Apenas más alto que las gemelas y con una bandana envolviéndole el cuello que le identificaba como ninja acreditado de Uzushiogakure no satou. Kasabe le miró inquisitivo, con las manos en la cadera, y las gemelas también.
Una sonrió, la otra no parecía muy contenta con él.
—Es más lindo que el último, al menos—inquirió Shincha. Bancha permaneció en silencio.
—Joven Riko, ha sido un largo viaje. ¿Gusta acompañarnos hasta Cerezos de primavera y conversamos éste dilema con una buena taza de té? —sugirió, con ojos cansino y rectitud forzada. De cerca podían notarse las pesadas ojeras que la cubrían los ojos y cierta pesadez que sólo es visible en aquellos que existen para trabajar sin detenerse a descansar—. yo invito.
Media hora después, Senju Riko y Hōjin Kasabe se encontraban en una de las salas privadas del club de té de Los Cerezos de primavera.
Los Cerezos de primavera era uno de los hoteles de alta vanguardia de Uzushio. En conjunción con otros tantos, era el hospedaje fidedigno para gente de alta alcurnia, mercaderes importantes y alguno que otro invitado de gala proveniente de otras aldeas, en los casos que fuera pertinente. Esa vez, aquel hotel había recibido al patriarca de los Hōjin, una dinastía que llevaba comercializando con especias de té, cuyas plantaciones privadas se encontraban entre las enormes hectáreas de la Capital, allá en en el sureste de la aldea del Remolino.
Dos tazas de té les habían sido servidas, en conjunto con dos pequeños paquetitos de Té verde. Kasabe soplaba por sobre el vaso y revolvía con una pequeña cucharilla, con gesto apagado.
Ninguna de las dos gemelas le acompañaban.
—Espero le guste, joven Riko. Es una de las infusiones más famosas de la casa Hōjin.
Una sonrió, la otra no parecía muy contenta con él.
—Es más lindo que el último, al menos—inquirió Shincha. Bancha permaneció en silencio.
—Joven Riko, ha sido un largo viaje. ¿Gusta acompañarnos hasta Cerezos de primavera y conversamos éste dilema con una buena taza de té? —sugirió, con ojos cansino y rectitud forzada. De cerca podían notarse las pesadas ojeras que la cubrían los ojos y cierta pesadez que sólo es visible en aquellos que existen para trabajar sin detenerse a descansar—. yo invito.
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Media hora después, Senju Riko y Hōjin Kasabe se encontraban en una de las salas privadas del club de té de Los Cerezos de primavera.
Los Cerezos de primavera era uno de los hoteles de alta vanguardia de Uzushio. En conjunción con otros tantos, era el hospedaje fidedigno para gente de alta alcurnia, mercaderes importantes y alguno que otro invitado de gala proveniente de otras aldeas, en los casos que fuera pertinente. Esa vez, aquel hotel había recibido al patriarca de los Hōjin, una dinastía que llevaba comercializando con especias de té, cuyas plantaciones privadas se encontraban entre las enormes hectáreas de la Capital, allá en en el sureste de la aldea del Remolino.
Dos tazas de té les habían sido servidas, en conjunto con dos pequeños paquetitos de Té verde. Kasabe soplaba por sobre el vaso y revolvía con una pequeña cucharilla, con gesto apagado.
Ninguna de las dos gemelas le acompañaban.
—Espero le guste, joven Riko. Es una de las infusiones más famosas de la casa Hōjin.
