13/05/2018, 19:11
Al cabo de un minutos, un par de pasitos al ritmo de un canturreo se escucharon por el pasillo. Hasta que la puerta se abrió de un portazo y el par de rostros adorables hicieron acto de aparición, que elevados al cuadrado, correspondían a Shincha y a Bancha.
Se acercaron hasta su padre y ambas tomaron asiento, una a cada extremo de Kasabe. Él las señaló una a una, y habló.
—Niñas, él es Senju Riko, el shinobi que estará a disposición para vuestro cuidado mientras papá se ocupa de los negocios. Es un buen chico, así que por el Dios Ahogado, no le deis ningún problema.
—¡Humpf! pero si nunca damos problemas a nadie, papi. ¡Nosotras no rompemos ni un plato! —comentó Shincha. Se podía notar que era la más elocuente de las dos, la más charlatana. La más atrevida. Sus intervenciones siempre venían acompañadas de una cálida aunque engañosa sonrisa, y sus ojos transmitían suspicacia atípica para una niña tan pequeña.
—Riko-kun, muchas gracias. Sé que probablemente tengas mejores cosas que hacer que las de cuidarnos. No te preocupes, no vas ni a sentirnos. Como si no estuviésemos aquí —alegó Bancha, con menor maestría que la de su hermana. Lo dicho no parecía fiable y evidentemente, trataba de esconderlo.
Se acercaron hasta su padre y ambas tomaron asiento, una a cada extremo de Kasabe. Él las señaló una a una, y habló.
—Niñas, él es Senju Riko, el shinobi que estará a disposición para vuestro cuidado mientras papá se ocupa de los negocios. Es un buen chico, así que por el Dios Ahogado, no le deis ningún problema.
—¡Humpf! pero si nunca damos problemas a nadie, papi. ¡Nosotras no rompemos ni un plato! —comentó Shincha. Se podía notar que era la más elocuente de las dos, la más charlatana. La más atrevida. Sus intervenciones siempre venían acompañadas de una cálida aunque engañosa sonrisa, y sus ojos transmitían suspicacia atípica para una niña tan pequeña.
—Riko-kun, muchas gracias. Sé que probablemente tengas mejores cosas que hacer que las de cuidarnos. No te preocupes, no vas ni a sentirnos. Como si no estuviésemos aquí —alegó Bancha, con menor maestría que la de su hermana. Lo dicho no parecía fiable y evidentemente, trataba de esconderlo.
