5/09/2015, 20:16
Uchiha Nabi se propuso caminar a su lado, y ambos comenzaron un lento y parsimonioso periplo alrededor de las orillas del acantilado. A pesar de que no parecía hostil, Daruu evitaba por completo cualquier contacto con aquellos extraños ojos, tan oscuros y tan misteriosos, porque había oído rumores de ojos y no eran precisamente muy bonitos. De todas formas, acabó por relajarse y le sostuvo la mirada al rubio cuando inició la conversación con una interesante pregunta.
Sí, ¿qué era lo que más le sorprendía?
—Sorprenderme, dices —finalmente, sostuvo—. Realmente me sorprende poco. Dice mucho de la naturaleza humana. Guerra, defensa de lo propio. Poco más, al fin y al cabo.
Hizo una pausa.
—Aunque supongo que esa pregunta va dirigida hacia otros derroteros. Claro. Si estamos en el Valle del Fin, te refieres a las cosas que ocurrieron en el Valle del Fin —dijo—. De nuevo, no me sorprende nada. Lo que tengo son preguntas. Muchas preguntas sin respuesta.
Paró en seco y observó los pequeños detalles en silencio, esos detalles que no hablaban, pero que tenían mucho más que contar que aquellos que se alzaban a gritos.
Los que se alzaban a gritos eran, por supuesto, los monumentos que retrataban a los kage. Esos monumentos gritaban: ¡mírame, soy importante, soy un héroe para la humanidad! Y puede que así lo fuera.
Pero habían otras muchas cosas que no se hacían oír, quizás porque su relato era menos heroico, más simple y sobretodo más triste. Marcas de garras en las rocas, peñones desprendidos de su lugar original sobre la superficie del lago, y huecos gigantescos y homónimos en las paredes del acantilado. Estaba el bramido del agua de arriba contra la de abajo, y estaba el río que separaba dos tierras. Un río irregular, que lloraba por las heridas que las unas las bestias y los otros los humanos le habían hecho.
La Tierra hablaba, y él debía escucharla.
Sintió el aullido de un lobo en la distancia, y entonces abrió los ojos. Se había quedado pasmado.
—Aquí sucedieron muchas cosas, pero ¿por qué?
Sí, ¿qué era lo que más le sorprendía?
—Sorprenderme, dices —finalmente, sostuvo—. Realmente me sorprende poco. Dice mucho de la naturaleza humana. Guerra, defensa de lo propio. Poco más, al fin y al cabo.
Hizo una pausa.
—Aunque supongo que esa pregunta va dirigida hacia otros derroteros. Claro. Si estamos en el Valle del Fin, te refieres a las cosas que ocurrieron en el Valle del Fin —dijo—. De nuevo, no me sorprende nada. Lo que tengo son preguntas. Muchas preguntas sin respuesta.
Paró en seco y observó los pequeños detalles en silencio, esos detalles que no hablaban, pero que tenían mucho más que contar que aquellos que se alzaban a gritos.
Los que se alzaban a gritos eran, por supuesto, los monumentos que retrataban a los kage. Esos monumentos gritaban: ¡mírame, soy importante, soy un héroe para la humanidad! Y puede que así lo fuera.
Pero habían otras muchas cosas que no se hacían oír, quizás porque su relato era menos heroico, más simple y sobretodo más triste. Marcas de garras en las rocas, peñones desprendidos de su lugar original sobre la superficie del lago, y huecos gigantescos y homónimos en las paredes del acantilado. Estaba el bramido del agua de arriba contra la de abajo, y estaba el río que separaba dos tierras. Un río irregular, que lloraba por las heridas que las unas las bestias y los otros los humanos le habían hecho.
La Tierra hablaba, y él debía escucharla.
Sintió el aullido de un lobo en la distancia, y entonces abrió los ojos. Se había quedado pasmado.
—Aquí sucedieron muchas cosas, pero ¿por qué?
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)