6/06/2018, 15:21
«Supongo que siempre puede pasar»
Se encogió de hombros y dejó que Daruu siga el llamado de la naturaleza. Por su parte se acercó al enano y espero junto a él la llegada del tercer miembro de ese equipo de búsqueda.
—Ya debe de estar por llegar, fue a... hacer unas cosas.— no sabía por qué hablaba, después de todo solo el ruido del chicle y la explosión de un diminuto globo sirvieron de respuesta.
La espera de hizo larga ante tal silencio, a pesar de que estaba el lado bueno de que el muchacho ya no masticaba, y el calvo se sintió aliviado cuando vio a su compañero volver de mear. Se frotó las manos, sonrió, y se llenó de ganas de ver qué mierda pasaba, qué mierda hacía allí.
—Ahora si, vamos.— hizo un ademán para que lo sigan y empezó a descender la colina.
Lideraba al grupo, el pelirrojo lo cerraba, Daruu ya vería si caminaría entremedio o buscaría algún tipo de conversación caminando a la par de alguno. Lo cierto fue que el monje los llevó a paso acelerado y los árboles rápidamente se convirtieron en edificios. El paisaje oscuro de edificaciones destruidas y corroídas con el paso del tiempo estaba acompañado de la oscuridad de la noche y una leve niebla que corría por encima de los gennin y no les dejaba ver más allá de 300 metros.
El silencio era el rey y los pasos de cada uno sonaba como una marcha de mil soldados a los oídos. Las temperaturas habían descendido un poco pero al menos, y como gran punto positivo, no sufrían el frío del invierno. Caminando en línea recta cruzaron varias calles, todas desiertas, hasta llegar a una intersección un poco más grande donde algunos árboles y plantas desprolijas y crecidas dominaban el lugar.
—¿Y ahora para dónde?
El enano fue el primero en responder, el primero en callar. Otra vez, el ruido del chicle y de sus putos globos. Karamaru, como buena medida, decidió ignorarlo y mirar a Daruu que seguramente estaría tan perdido como él.
Se encogió de hombros y dejó que Daruu siga el llamado de la naturaleza. Por su parte se acercó al enano y espero junto a él la llegada del tercer miembro de ese equipo de búsqueda.
—Ya debe de estar por llegar, fue a... hacer unas cosas.— no sabía por qué hablaba, después de todo solo el ruido del chicle y la explosión de un diminuto globo sirvieron de respuesta.
La espera de hizo larga ante tal silencio, a pesar de que estaba el lado bueno de que el muchacho ya no masticaba, y el calvo se sintió aliviado cuando vio a su compañero volver de mear. Se frotó las manos, sonrió, y se llenó de ganas de ver qué mierda pasaba, qué mierda hacía allí.
—Ahora si, vamos.— hizo un ademán para que lo sigan y empezó a descender la colina.
Lideraba al grupo, el pelirrojo lo cerraba, Daruu ya vería si caminaría entremedio o buscaría algún tipo de conversación caminando a la par de alguno. Lo cierto fue que el monje los llevó a paso acelerado y los árboles rápidamente se convirtieron en edificios. El paisaje oscuro de edificaciones destruidas y corroídas con el paso del tiempo estaba acompañado de la oscuridad de la noche y una leve niebla que corría por encima de los gennin y no les dejaba ver más allá de 300 metros.
El silencio era el rey y los pasos de cada uno sonaba como una marcha de mil soldados a los oídos. Las temperaturas habían descendido un poco pero al menos, y como gran punto positivo, no sufrían el frío del invierno. Caminando en línea recta cruzaron varias calles, todas desiertas, hasta llegar a una intersección un poco más grande donde algunos árboles y plantas desprolijas y crecidas dominaban el lugar.
—¿Y ahora para dónde?
El enano fue el primero en responder, el primero en callar. Otra vez, el ruido del chicle y de sus putos globos. Karamaru, como buena medida, decidió ignorarlo y mirar a Daruu que seguramente estaría tan perdido como él.
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
