7/08/2018, 19:08
(Última modificación: 7/08/2018, 19:08 por Inuzuka Etsu.)
El entrenamiento continuaba, no había tiempo de tomar el sol, al menos no de manera descarada y descansada. Ya lo estaba tomando —de forma indirecta— al menos no a propósito, si no mas bien como consecuencia de estar expuesto al astro rey sin camiseta. En realidad, ni bien le importaba tener un "bonito" bronceado de verano, eso era indiferente para él.
eeran, y terminaba por caer al suelo. Pero no parecía si no premeditado, pues en la misma arena, el chico continuaba adiestrándose en cómo continuar los golpes. A vista ajena, casi parecía que se hubiese emborrachado y estuviese golpeando al aire de manera alocada, no muy lejos de la realidad, solo le faltaba el alcohol.
Quizás los golpes le salían tan toscos y bruscos porque pensaba en el golpe antes de hacerlo, o simplemente era falta de práctica en éste estilo. Quizás le faltaba alcohol... a saber.
Lo que estaba claro, es que sin practicar, y encontrar la comodidad en ese nuevo estilo de pelea, no pararía. Ya llevaba varios días, y los que le faltaban. Dominar un estilo nuevo conlleva mucho tiempo de práctica, y por mucha experiencia que tuviese ya en dos estilos diferentes, aprender uno nuevo siempre costaba mucho. Siempre se arrastran costumbres, pues de costumbres avanzan las artes marciales. Practicar un golpe mil veces no era puro vicio, es afán de superación en el perfeccionamiento del mismo.
Akane volvió a beber del coco, por medio de la pajita. Tras lo cuál terminó de tumbarse sobre la arena, casi ladeado. El pobre en realidad tenía que estar pasándolo fatal. Entre el calor que estaba haciendo esos días, y ese intenso pelaje... vaya tortura. Era mas que comprensible que no tuviese fuerzas ni para entrenar.
—Brawbra-waruuubabaur
Etsu se giró, pues en ese instante le daba la espalda debido a un kata, y se encogió de hombros —pues ni idea, ¿acaso tu sabes cuantos helados te podrías comer en una tarde? no, tampoco podrías decirme...
Akane exhaló por la nariz una pequeña bocanada de aire, en un singular bufido de resignación. Estaba claro que intentar convencer a Etsu de que dejase de entrenar era ridículo. Estaba obsesionado con ello, y ahora más que nunca. Preguntarle cuanto más pensaba entrenar no había sido mas que perder el tiempo.
—Venga, va, hagamos unas cuantas flexiones —propuso el chico, entusiasmado con la idea —va... ¿50? ¿100? ¿200?
El huskie reculó incluso, y terminó por girar la cabeza, alejando su mirada de Etsu. Era un perro sueco, o al menos sabía hacerse el sueco la mar de bien.
—¡Qué soso eres, tío! —se quejó, para poco después ponerse en posición de flexiones.
»Así te va a crecer la barriga. Solo comes y estas tumbado. No quiero tener a un hermano gordo, ¿eh?
El huskie agarró entre las patas el coco, y se giró un poco, como quien no quería la cosa.
eeran, y terminaba por caer al suelo. Pero no parecía si no premeditado, pues en la misma arena, el chico continuaba adiestrándose en cómo continuar los golpes. A vista ajena, casi parecía que se hubiese emborrachado y estuviese golpeando al aire de manera alocada, no muy lejos de la realidad, solo le faltaba el alcohol.
Quizás los golpes le salían tan toscos y bruscos porque pensaba en el golpe antes de hacerlo, o simplemente era falta de práctica en éste estilo. Quizás le faltaba alcohol... a saber.
Lo que estaba claro, es que sin practicar, y encontrar la comodidad en ese nuevo estilo de pelea, no pararía. Ya llevaba varios días, y los que le faltaban. Dominar un estilo nuevo conlleva mucho tiempo de práctica, y por mucha experiencia que tuviese ya en dos estilos diferentes, aprender uno nuevo siempre costaba mucho. Siempre se arrastran costumbres, pues de costumbres avanzan las artes marciales. Practicar un golpe mil veces no era puro vicio, es afán de superación en el perfeccionamiento del mismo.
Akane volvió a beber del coco, por medio de la pajita. Tras lo cuál terminó de tumbarse sobre la arena, casi ladeado. El pobre en realidad tenía que estar pasándolo fatal. Entre el calor que estaba haciendo esos días, y ese intenso pelaje... vaya tortura. Era mas que comprensible que no tuviese fuerzas ni para entrenar.
—Brawbra-waruuubabaur
Etsu se giró, pues en ese instante le daba la espalda debido a un kata, y se encogió de hombros —pues ni idea, ¿acaso tu sabes cuantos helados te podrías comer en una tarde? no, tampoco podrías decirme...
Akane exhaló por la nariz una pequeña bocanada de aire, en un singular bufido de resignación. Estaba claro que intentar convencer a Etsu de que dejase de entrenar era ridículo. Estaba obsesionado con ello, y ahora más que nunca. Preguntarle cuanto más pensaba entrenar no había sido mas que perder el tiempo.
—Venga, va, hagamos unas cuantas flexiones —propuso el chico, entusiasmado con la idea —va... ¿50? ¿100? ¿200?
El huskie reculó incluso, y terminó por girar la cabeza, alejando su mirada de Etsu. Era un perro sueco, o al menos sabía hacerse el sueco la mar de bien.
—¡Qué soso eres, tío! —se quejó, para poco después ponerse en posición de flexiones.
»Así te va a crecer la barriga. Solo comes y estas tumbado. No quiero tener a un hermano gordo, ¿eh?
El huskie agarró entre las patas el coco, y se giró un poco, como quien no quería la cosa.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~