30/08/2018, 23:40
El chico torció el gesto al ver que el can no se lanzaba al agua. Aunque a decir verdad, tampoco es que le sorprendiese del todo. Lo conocía tan bien... TANTO... que era difícil que éste le pudiese sorprender. Eran el yin y el yan, la noche y el día, un vaso entre medio lleno y medio vacío... tenían un enlace tan fuerte, que eran más que hermanos, por mucho que les gustase llevarse la contraria.
Entre tanto, la chica aseguró que en realidad era hasta mejor que Akane se tomase su tiempo, pues cuanto más tardasen mas se pondría el sol, y con ello menos calor haría. Razón no le faltaba. Sin demora, preguntó si pensaba comprar allí o bien prefería comprar en alguna tienda cercana al Jardín de los Cerezos.
Etsu encogió de hombros, indiferente —en realidad da igual, pero quizás sea mejor por allí, para que no se pongan a hervir por el camino, ¿no?
La pelirroja optó por dar a conocer su inquietud, la de que no comprendía cómo a éstas alturas no conocían el susodicho jardín. El rastas no quiso dar una respuesta similar a la anterior, pero no pudo evitar que la memoria muscular le jugase una mala pasada. Sin querer queriendo, terminó por encogerse de hombros de nuevo.
—Es mi primerito día... —no lo era, pero hacía alusión a que en realidad, llevaba realmente poco tiempo por las calles de Uzu.
Al final, el can se decidió. Se lanzó de morro al agua, y se sumergió por un instante. Fugaz y efímero como un cometa cayendo fue el chapuzón. Akane salió corriendo por patas del agua, cual rata escuálida y desnutrida. Su hermoso pelaje, su presencia, su porte... todo a la mierda. Una puta rata desnutrida.
Etsu no pudo evitar la carcajada para cuando Akane llegó hasta ellos.
—¡¡Jajajajajajaja!! —rió a todo pulmón, señalándolo —¡se te ve genial, hermano!
Obviamente era una ironía, una que acostumbraba a usar siempre que ésta situación se daba, lo cuál no eran pocas veces. El can lo miró con los ojos entrecerrados, inconforme obviamente. Sin mas, el can le propinó un bocado en la pierna. Etsu saltó, el bocado no había sido gran cosa, pero le había dolido.
—¡¡Maldita rata del infierno!! —se quejó el rastas mientras daba saltitos a pata coja, tomando la pierna mordida entre sus manos.
—¡Gruf! —contestó en lo que parecía un resoplido, y alzó la mirada en dirección contraria, aparentemente indignado.
Tras el baile de Etsu, uno sin duda alguna digno de elogio, el Inuzuka dejó escapar un suspiro —creo que ya estamos listos para irnos...
Entre tanto, la chica aseguró que en realidad era hasta mejor que Akane se tomase su tiempo, pues cuanto más tardasen mas se pondría el sol, y con ello menos calor haría. Razón no le faltaba. Sin demora, preguntó si pensaba comprar allí o bien prefería comprar en alguna tienda cercana al Jardín de los Cerezos.
Etsu encogió de hombros, indiferente —en realidad da igual, pero quizás sea mejor por allí, para que no se pongan a hervir por el camino, ¿no?
La pelirroja optó por dar a conocer su inquietud, la de que no comprendía cómo a éstas alturas no conocían el susodicho jardín. El rastas no quiso dar una respuesta similar a la anterior, pero no pudo evitar que la memoria muscular le jugase una mala pasada. Sin querer queriendo, terminó por encogerse de hombros de nuevo.
—Es mi primerito día... —no lo era, pero hacía alusión a que en realidad, llevaba realmente poco tiempo por las calles de Uzu.
Al final, el can se decidió. Se lanzó de morro al agua, y se sumergió por un instante. Fugaz y efímero como un cometa cayendo fue el chapuzón. Akane salió corriendo por patas del agua, cual rata escuálida y desnutrida. Su hermoso pelaje, su presencia, su porte... todo a la mierda. Una puta rata desnutrida.
Etsu no pudo evitar la carcajada para cuando Akane llegó hasta ellos.
—¡¡Jajajajajajaja!! —rió a todo pulmón, señalándolo —¡se te ve genial, hermano!
Obviamente era una ironía, una que acostumbraba a usar siempre que ésta situación se daba, lo cuál no eran pocas veces. El can lo miró con los ojos entrecerrados, inconforme obviamente. Sin mas, el can le propinó un bocado en la pierna. Etsu saltó, el bocado no había sido gran cosa, pero le había dolido.
—¡¡Maldita rata del infierno!! —se quejó el rastas mientras daba saltitos a pata coja, tomando la pierna mordida entre sus manos.
—¡Gruf! —contestó en lo que parecía un resoplido, y alzó la mirada en dirección contraria, aparentemente indignado.
Tras el baile de Etsu, uno sin duda alguna digno de elogio, el Inuzuka dejó escapar un suspiro —creo que ya estamos listos para irnos...
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~