8/09/2018, 00:48
Etsu y Akane, cargados hasta las trancas, comenzaron a caminar junto a la kunoichi de Uzu. Éste primero, esperaba o pensaba que el lugar al que iban ya habría de estar cerca. Pero su desilusión fue curiosa para cuando se topó con la realidad. Caminaron, y caminaron, y las bolsas pesaban, y caminaron... y si, las bolsas pesaban. Por un momento, hasta pensó en dejarlas caer, o en tirarse al suelo al grito de "Me he hecho un esguince".
«La madre que me parió... ¿dónde está el jardín ese?»
Pero estoicamente, aguantó. Aguantaron, mejor dicho. Al cabo de un rato andando, llegaron hasta una especie de descampado, que sin duda era la zona de juegos de algún que otro shinobi. Marcas en los arboles, blancos, césped casi arrancado por los constantes movimientos... sin duda, y con la aclaración de Eri, habían llegado.
«¡Al fin!»
Etsu sonrió ante la información, aunque antes de que lo anunciase ya estuviese sospechandolo. Se acercó hacia un árbol próximo, y con las mismas dejó las bolsas en la base de éste. Akane, al igual que Etsu, se libró de sus pesadas bolsas. Las suyas eran incluso mas pesadas, pues el era algo más glotón, quisiera o no. Entre tanto, comenzaron a echar un ojo alrededor. Antes de que se diera cuenta, Akane volvió a transformarse en huskie. Mas que transformarse, cesó su transformación.
—Vaya... se ve bien... «¿¡pero dónde está la fuente!?»
Buscó un poco mas, intentando disimular, pero la verdad es que eso de disimular no se le daba demasiado bien...
Y encima era mas curioso que un gato, así que no pudo evitarlo —¿... y la fuente esa que decías queda muy lejos?
«La madre que me parió... ¿dónde está el jardín ese?»
Pero estoicamente, aguantó. Aguantaron, mejor dicho. Al cabo de un rato andando, llegaron hasta una especie de descampado, que sin duda era la zona de juegos de algún que otro shinobi. Marcas en los arboles, blancos, césped casi arrancado por los constantes movimientos... sin duda, y con la aclaración de Eri, habían llegado.
«¡Al fin!»
Etsu sonrió ante la información, aunque antes de que lo anunciase ya estuviese sospechandolo. Se acercó hacia un árbol próximo, y con las mismas dejó las bolsas en la base de éste. Akane, al igual que Etsu, se libró de sus pesadas bolsas. Las suyas eran incluso mas pesadas, pues el era algo más glotón, quisiera o no. Entre tanto, comenzaron a echar un ojo alrededor. Antes de que se diera cuenta, Akane volvió a transformarse en huskie. Mas que transformarse, cesó su transformación.
—Vaya... se ve bien... «¿¡pero dónde está la fuente!?»
Buscó un poco mas, intentando disimular, pero la verdad es que eso de disimular no se le daba demasiado bien...
Y encima era mas curioso que un gato, así que no pudo evitarlo —¿... y la fuente esa que decías queda muy lejos?
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~