10/09/2018, 20:48
Era aún temprano cuando la joven Kiyomi se disponía a ordenar los papeles que tenía desperdigados por toda su mesa. Con aire pensativo y gesto ceñudo, se mantenía concentrada mientras cogía y volvía a dejar papeles: algunos amontonados, otros más lejos, por parejas... Todo era importante para mantener el orden y la limpieza de su puesto, sobre todo porque no era la única que se sentaba allí durante el día. Bufó cuando no dio con el pergamino de la última misión que le habían dado y cuando lo vio tirado tras su silla a medio cerrar, se agachó para recogerlo con rapidez.
Para cuando volvió a levantarse encontró a un jovenzuelo delante de la mesa, presentándose.
—Hola Sasaki Reiji-kun, yo soy Kiyomi —se presentó ella, amontonando algunos de los desperdigados papeles para hacer hueco a los asuntos de aquel muchacho—. ¿Es tu primera misión? ¿O ya has pedido alguna anterior? —cuestionó, aunque por lo que parecía era algo novato.
