16/09/2018, 13:37
La academia ese día estaba a medio abarrotar de niños de muchas edades, algunos en grupos, otros yendo de un lado para otro, así que la encargaba de la Academia comenzaba a desesperarse mientras daba indicaciones e impedía que algunos —los más graciosos— hiciesen de las suyas a sus espaldas.
En un rincón de la puerta se encontraba un hombre con una gorra tapándole los ojos. Se rascaba de vez en cuando su barba de tres días hasta que se aburría y metía las manos en los bolsillos de su mono azul oscuro.
Reiji, que acababa de llegar, se vio empujado por un par de niños que pasaban corriendo para entrar y evitar llegar tarde, pero en vez de recibir una disculpa, ambos se rieron y desaparecieron escaleras arriba.
En un rincón de la puerta se encontraba un hombre con una gorra tapándole los ojos. Se rascaba de vez en cuando su barba de tres días hasta que se aburría y metía las manos en los bolsillos de su mono azul oscuro.
Reiji, que acababa de llegar, se vio empujado por un par de niños que pasaban corriendo para entrar y evitar llegar tarde, pero en vez de recibir una disculpa, ambos se rieron y desaparecieron escaleras arriba.
