16/09/2018, 23:36
Allí estaba él, el Tiburón, con la mandíbula desencajada. Presenciando a Sumizu Kouta, o mejor dicho, el casi decapitado Sumizu Kouta.
A la enorme piedra que componía la estatua de la leyenda de Amegakure, a diferencia de sus otros dos congéneres, le faltaba la jodida cabeza entera. Allí en donde debía estar su rostro tan sólo habían malformaciones de roca. Kaido llevaba media hora preguntándose, en silencio, quién podría haber hecho semejante ofensa. Y qué poder tan destructivo tendría que haberse usado para abofetear de esa manera la enorme estatua. ¿Lo sabrían ya en Amegakure? ¿Sería él quien diese la jodida noticia allá en la Aldea de la Lluvia?
—Joder, esto tiene que tratarse de una puta broma —comentó, entre dientes. Con la vista perdida, sin creerse aún lo que no veía.
A la enorme piedra que componía la estatua de la leyenda de Amegakure, a diferencia de sus otros dos congéneres, le faltaba la jodida cabeza entera. Allí en donde debía estar su rostro tan sólo habían malformaciones de roca. Kaido llevaba media hora preguntándose, en silencio, quién podría haber hecho semejante ofensa. Y qué poder tan destructivo tendría que haberse usado para abofetear de esa manera la enorme estatua. ¿Lo sabrían ya en Amegakure? ¿Sería él quien diese la jodida noticia allá en la Aldea de la Lluvia?
—Joder, esto tiene que tratarse de una puta broma —comentó, entre dientes. Con la vista perdida, sin creerse aún lo que no veía.
