23/09/2018, 10:11
Mido soltó una carcajada mientras abría la boca de forma muy amplia tras escuchar la presentación de Reiji.
—¡Vaya! Me gustas, chico, ven, vamos a empezar por las aulas vacías.
Señaló un pasillo donde no se encontraba mucha gente, al parecer no estaba siendo utilizado por el momento, por lo que lo mejor era empezar por allí. La limpieza de clases consistía en limpiar todo el polvo acumulado de los muebles, barrer y fregar el suelo, no parecía una tarea difícil.
—Bien, muchacho, yo me encargaré de limpiar los suelos mientras que a ti te doy un trapo y limpias los muebles, ¿qué te parece? —explicó mientras paraba en lo que parecía un viejo armario de la limpieza, lo abrió con una de las llaves que colgaban de su mono y de él extrajo los utensilios necesarios.
Luego le tendió una especie de dispensador a Reiji —con un líquido verdoso dentro— y un trapo con diferentes agujeros en él.
—Ve a la primera sala, la B1, y comienza a limpiar, yo ahora voy.
Señaló la puerta de la B1 y volvió a meter su nariz dentro del armario mientras tarareaba una canción que a Reiji no le sonó de nada.
La B1, tal y como se podía imaginar, era una clase normal: pupitres dispuestos de forma descendente mirando hacia una mesa más grande, la del profesor. Una pizarra, algunas estanterías y poco más. Un par de libros adornaban los pupitres de los alumnos, y encima de la mesa del profesor se hallaba una manzana algo podrida.
—¡Vaya! Me gustas, chico, ven, vamos a empezar por las aulas vacías.
Señaló un pasillo donde no se encontraba mucha gente, al parecer no estaba siendo utilizado por el momento, por lo que lo mejor era empezar por allí. La limpieza de clases consistía en limpiar todo el polvo acumulado de los muebles, barrer y fregar el suelo, no parecía una tarea difícil.
—Bien, muchacho, yo me encargaré de limpiar los suelos mientras que a ti te doy un trapo y limpias los muebles, ¿qué te parece? —explicó mientras paraba en lo que parecía un viejo armario de la limpieza, lo abrió con una de las llaves que colgaban de su mono y de él extrajo los utensilios necesarios.
Luego le tendió una especie de dispensador a Reiji —con un líquido verdoso dentro— y un trapo con diferentes agujeros en él.
—Ve a la primera sala, la B1, y comienza a limpiar, yo ahora voy.
Señaló la puerta de la B1 y volvió a meter su nariz dentro del armario mientras tarareaba una canción que a Reiji no le sonó de nada.
La B1, tal y como se podía imaginar, era una clase normal: pupitres dispuestos de forma descendente mirando hacia una mesa más grande, la del profesor. Una pizarra, algunas estanterías y poco más. Un par de libros adornaban los pupitres de los alumnos, y encima de la mesa del profesor se hallaba una manzana algo podrida.
