7/10/2018, 21:13
Y allí estaban ahora, en la ahora vacía y cerrada Pastelería de Kiroe-chan. Después de que Kōri consiguiera retener a un notablemente irritado Daruu, necesitaban de un lugar calmado y vacío de ojos ajenos en el que pudieran llevar a cabo el interrogatorio. La pastelería de la madre de Daruu, desde hacía varios meses cerrada a cal y canto, era una de las mejores opciones que tenían, por lo que acudieron allí.
Habían dispuesto dos sillas, una enfrente de la otra. Daruu, ahora con un feo moratón en la mejilla, se sentaba en una de ellas, Ayame en la otra.
—Venga, Daruu-kun. No te enfades. No te estabas quieto, así que tuve que placarte —se excusó Kōri.
Pero el chico no estaba por la labor de colaborar por las buenas.
—Ñiñiñí ñiñiñá... ¡Vamos, acabad con esto ya!
Ayame se removió inquieta en su asiento.
—Créeme que a mí tampoco me hace gracia esto, pero creía que era la mejor opción... —murmuró, apesadumbrada, antes de alzar una mirada cargada de culpa hacia él. Respiró hondo y cuadró los hombros—. ¿Listo? Voy a empezar... Ahora relájate e intenta no resistirte.
Ayame entrelazó las manos en una secuencia relativamente larga de sellos: Perro, serpiente, buey, pájaro y tigre.
—Jigyaku no jutsu —pronunció, clavando los ojos en los de Daruu.
Expandió su propio chakra hacia él, suave, lento, rítmico como un péndulo. Poco a poco, Daruu iría sintiendo una profunda somnolencia. Los párpados le pesaban. Las manos le pesaban. La cabeza le pesaba. El sueño que sentía era irrefrenable y no había manera de resistirse a él. Terminaría durmiéndose, y Kōri, cerca de él, vigilaría que no corriera el peligro de caerse de la silla.
—Estás sumergiéndote en tus recuerdos —habló Ayame—. Retrocedes en la bruma del tiempo. Un día... una semana... un mes...
»Ves un símbolo... Dos kunais cruzados, el uno sobre el otro. ¿Dónde te encuentras?
Habían dispuesto dos sillas, una enfrente de la otra. Daruu, ahora con un feo moratón en la mejilla, se sentaba en una de ellas, Ayame en la otra.
—Venga, Daruu-kun. No te enfades. No te estabas quieto, así que tuve que placarte —se excusó Kōri.
Pero el chico no estaba por la labor de colaborar por las buenas.
—Ñiñiñí ñiñiñá... ¡Vamos, acabad con esto ya!
Ayame se removió inquieta en su asiento.
—Créeme que a mí tampoco me hace gracia esto, pero creía que era la mejor opción... —murmuró, apesadumbrada, antes de alzar una mirada cargada de culpa hacia él. Respiró hondo y cuadró los hombros—. ¿Listo? Voy a empezar... Ahora relájate e intenta no resistirte.
Ayame entrelazó las manos en una secuencia relativamente larga de sellos: Perro, serpiente, buey, pájaro y tigre.
—Jigyaku no jutsu —pronunció, clavando los ojos en los de Daruu.
Expandió su propio chakra hacia él, suave, lento, rítmico como un péndulo. Poco a poco, Daruu iría sintiendo una profunda somnolencia. Los párpados le pesaban. Las manos le pesaban. La cabeza le pesaba. El sueño que sentía era irrefrenable y no había manera de resistirse a él. Terminaría durmiéndose, y Kōri, cerca de él, vigilaría que no corriera el peligro de caerse de la silla.
—Estás sumergiéndote en tus recuerdos —habló Ayame—. Retrocedes en la bruma del tiempo. Un día... una semana... un mes...
»Ves un símbolo... Dos kunais cruzados, el uno sobre el otro. ¿Dónde te encuentras?

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)