7/10/2018, 23:10
La voz se apagó con la primera estrofa y no volvió a escucharse. Eri, visiblemente confundida ante lo que acababa de presenciar, giró sobre sus talones para no encontrar más que el vacío y, entre lágrimas, se levantó rápidamente y echó a correr hacia la salida de la plaza. Quizás estaba asustada. Nadie podría culparla, no después de haber escuchado a un fant...
—¡AYAMEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!
«¡Ay, por Amenokami!» Maldijo Ayame, aterrorizada. ¡¿Pero cómo se le ocurría ponerse a gritar de aquella manera?! ¡Debían de estar escuchándola en toda la ciudad!
Y no le valía con una vez, por supuesto que no. Ayame vio cómo volvía a tomar aire y volvía a desgañitarse, poniendo todas sus cuerdas vocales en ello.
—¡AYAM...!
Pero aquella vez no llegó a terminar de pronunciar el nombre. Una sombra blanca apareció a su espalda en apenas un parpadeo, le tapó la boca con una mano mientras la sujetaba por la cintura con el otro brazo y se apresuró a arrastrarla al amparo de la penumbra del mismo callejón del que había salido.
—¡No grites así, por favor! —le susurró en el oído, antes de soltarla y dejarla libre.
Para cuando Eri se girara vería ante sí a Ayame, que la contemplaba con ojos vidriosos y sombríos. Se había quitado el antifaz antes de terminar de descubrirse, pero seguía con la capucha echada sobre la cabeza. Aún así, algún mechón de cabello oscuro se escurría por el exterior de la túnica, largo y ondulado hasta la mitad de su pecho. Y ahora no podía sino arrepentirse una y otra vez de haberse desvelado de aquella manera tan imprudente. ¿Pero qué podía hacer, antes de que todos en Tanzaku Gai supieran de su existencia? No podía arriesgarse a que alguien la reconociera, y mucho menos si existía la posibilidad de que hubiera algún otro Uzujin más cerca de allí.
—¡AYAMEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!
«¡Ay, por Amenokami!» Maldijo Ayame, aterrorizada. ¡¿Pero cómo se le ocurría ponerse a gritar de aquella manera?! ¡Debían de estar escuchándola en toda la ciudad!
Y no le valía con una vez, por supuesto que no. Ayame vio cómo volvía a tomar aire y volvía a desgañitarse, poniendo todas sus cuerdas vocales en ello.
—¡AYAM...!
Pero aquella vez no llegó a terminar de pronunciar el nombre. Una sombra blanca apareció a su espalda en apenas un parpadeo, le tapó la boca con una mano mientras la sujetaba por la cintura con el otro brazo y se apresuró a arrastrarla al amparo de la penumbra del mismo callejón del que había salido.
—¡No grites así, por favor! —le susurró en el oído, antes de soltarla y dejarla libre.
Para cuando Eri se girara vería ante sí a Ayame, que la contemplaba con ojos vidriosos y sombríos. Se había quitado el antifaz antes de terminar de descubrirse, pero seguía con la capucha echada sobre la cabeza. Aún así, algún mechón de cabello oscuro se escurría por el exterior de la túnica, largo y ondulado hasta la mitad de su pecho. Y ahora no podía sino arrepentirse una y otra vez de haberse desvelado de aquella manera tan imprudente. ¿Pero qué podía hacer, antes de que todos en Tanzaku Gai supieran de su existencia? No podía arriesgarse a que alguien la reconociera, y mucho menos si existía la posibilidad de que hubiera algún otro Uzujin más cerca de allí.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)