16/10/2018, 20:30
Ayame posó su mirada sobre ella y la miró directamente, como pensándose las palabras que quería decir. Eri pasó el peso de una pierna a la otra, pero se mantuvo firme pues sabía que le debía más de lo que se podía imaginar.
Aunque no llegaría a esperar lo que iba a decir a continuación.
—Todo esto ha empezado por mi culpa, así que de alguna manera me siento responsable. Y puede que tenga delirios de grandeza hablando como una simple genin en un mundo de titanes, pero...
Quiso replicar, pero se mantuvo callada, pues no quería interrumpir el discurso de la morena.
—Seamos el puente hacia la paz entre las aldeas, Eri-chan. Seamos la voz de la razón en esta caótica locura. Luchemos para que volvamos a estar como antes, cuando no teníamos miedo a cruzarnos con otros shinobi de otras aldeas.
Sus ojos brillaron ante la petición de Ayame. Al principio sin saber muy bien qué decir, procesando toda la información, hasta que la emoción la embriagó, creándole una sensación placentera en el estómago, seguida de, quizá, algo de miedo, pues ambas podían embaucarse en lo que podía ser el final de su vida fácilmente.
Aún así, estrechó su mano al cabo de un poco menos de un minuto.
—Cuenta conmigo, Aotsuki Ayame.
Agitó su mano con una decisión que no le era familiar, pero que ahora residía en un hueco importante de su corazón.
Aunque no llegaría a esperar lo que iba a decir a continuación.
—Todo esto ha empezado por mi culpa, así que de alguna manera me siento responsable. Y puede que tenga delirios de grandeza hablando como una simple genin en un mundo de titanes, pero...
Quiso replicar, pero se mantuvo callada, pues no quería interrumpir el discurso de la morena.
—Seamos el puente hacia la paz entre las aldeas, Eri-chan. Seamos la voz de la razón en esta caótica locura. Luchemos para que volvamos a estar como antes, cuando no teníamos miedo a cruzarnos con otros shinobi de otras aldeas.
Sus ojos brillaron ante la petición de Ayame. Al principio sin saber muy bien qué decir, procesando toda la información, hasta que la emoción la embriagó, creándole una sensación placentera en el estómago, seguida de, quizá, algo de miedo, pues ambas podían embaucarse en lo que podía ser el final de su vida fácilmente.
Aún así, estrechó su mano al cabo de un poco menos de un minuto.
—Cuenta conmigo, Aotsuki Ayame.
Agitó su mano con una decisión que no le era familiar, pero que ahora residía en un hueco importante de su corazón.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)