21/10/2018, 13:32
El reloj de la pared dio las cinco de la tarde. En la quietud de la estancia sólo quedaba ya Takahashi, que secaba con exquisita delicadeza un vaso con un paño. Fue entonces cuando ocurrió. Puntual como el mismo reloj de la pared, la puerta se abrió y las campanillas sobre el marco tintinearon anunciando la llegada del invitado. Un hombre adulto que rondaba los cincuenta años, con el pelo corto y ya nevado por el paso del tiempo pero que antaño fue tan oscuro como sus ojos.
—Takahashi-kun —habló, adentrándose en Los Kunai Cruzados, mientras miraba a su alrededor con cierto nerviosismo. Sus ojos recorrían el restaurante como si quisiera cerciorarse de que no había nadie más que ellos que las mesas, las sillas y los dos jarrones negros junto a la entrada—. Hace tanto tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Me recuerdas?
Y las manos de Takahashi se paralizaron en el acto en cuanto alzó la mirada hacia el recién llegado.
—¿Nobuki Notsu? —preguntó, con sus ojos grisáceos abiertos de par en par—. ¿Qué haces aquí?
—Takahashi-kun —habló, adentrándose en Los Kunai Cruzados, mientras miraba a su alrededor con cierto nerviosismo. Sus ojos recorrían el restaurante como si quisiera cerciorarse de que no había nadie más que ellos que las mesas, las sillas y los dos jarrones negros junto a la entrada—. Hace tanto tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Me recuerdas?
Y las manos de Takahashi se paralizaron en el acto en cuanto alzó la mirada hacia el recién llegado.
—¿Nobuki Notsu? —preguntó, con sus ojos grisáceos abiertos de par en par—. ¿Qué haces aquí?

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)