23/10/2018, 22:47
(Última modificación: 23/10/2018, 22:49 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
—Eres un puto cobarde, Kirishima —respondió Notsu, con la mirada clavada en la madera y su tono de voz en ascendente—. ¡¡Eres un puto cobarde de mierda!! ¡Y ahora hablas de ti en tercera persona! ¿¡También has cambiado de nombre!? ¿¡También has dejado de ser tú mismo!?
Kirishima no respondió. Kirishima no reaccionó cuando el asesino desenvainó desde su espalda un tanto, presumiblemente el arma con el que había cometido los crímenes, y lo clavó sobre la mesa inclinándose hacia él.
—¡Siempre me has despreciado por intentar recuperar el honor que ellos nos robaron! ¡Eres una sabandija cobarde!
—No existe el honor para los ladrones y los asesinos, Notsu —dijo Kirishima, inclinándose aún más hacia el otro—. Tendrás tiempo para pensar sobre ello...
Una nube de humo envolvió súbitamente al tabernero y, tras ella, Kōri el albino hizo acto de aparición.
—En la cárcel.
A las espaldas de Notsu, una voz comenzó a tararear. Ayame, situada donde antes había habido un jarrón junto a la puerta, y con las manos entrelazadas en el sello del pájaro, entonaba una melodía sin letra. Una melodía lenta, suave, tan hermosa y dulce como la miel. Era su técnica definitiva de voz, la técnica de una sirena. Y su voz, como la de aquellas criaturas mitológicas que llevaban a su perdición a navegantes descuidados, embelesaría los oídos de Notsu, paralizándole en el sitio.
«¡No voy a permitir que ataques a mi hermano con eso!»
Kirishima no respondió. Kirishima no reaccionó cuando el asesino desenvainó desde su espalda un tanto, presumiblemente el arma con el que había cometido los crímenes, y lo clavó sobre la mesa inclinándose hacia él.
—¡Siempre me has despreciado por intentar recuperar el honor que ellos nos robaron! ¡Eres una sabandija cobarde!
—No existe el honor para los ladrones y los asesinos, Notsu —dijo Kirishima, inclinándose aún más hacia el otro—. Tendrás tiempo para pensar sobre ello...
Una nube de humo envolvió súbitamente al tabernero y, tras ella, Kōri el albino hizo acto de aparición.
—En la cárcel.
A las espaldas de Notsu, una voz comenzó a tararear. Ayame, situada donde antes había habido un jarrón junto a la puerta, y con las manos entrelazadas en el sello del pájaro, entonaba una melodía sin letra. Una melodía lenta, suave, tan hermosa y dulce como la miel. Era su técnica definitiva de voz, la técnica de una sirena. Y su voz, como la de aquellas criaturas mitológicas que llevaban a su perdición a navegantes descuidados, embelesaría los oídos de Notsu, paralizándole en el sitio.
«¡No voy a permitir que ataques a mi hermano con eso!»

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)