27/10/2018, 22:30
Ella se rascó la mejilla con un dedo, algo tímida.
—Ascendí a jounin una vez terminó el examen —reveló en voz baja, removiéndose en el sitio con cierta incomodidad.
Y Ayame no supo reprimir su sorpresa. Se había quedado boquiabierta, literalmente hablando. ¡Eso la colocaba al mismo nivel que su hermano mayor!
—¿De verdad? ¿A Jōnin? —repitió. Su rostro cambió de la sorpresa a la alegría en cuestión de centésimas de segundo: la boca abierta de Ayame se convirtió en una gran sonrisa—. ¡Eso es genial, Eri-chan! ¡No conozco a nadie de Uzushiogakure que lo merezca más que tú, de verdad! ¡Muchas felicidades! —aseveró, asintiendo varias veces con la cabeza. Pero entonces reparó en algo, y en aquella ocasión fue ella la que se rascó la mejilla—: Oh, perdona. Quizás ahora debería llamarte Eri-senpai.
—¿Y a ti? —Le devolvió la pelota.
Y Ayame se quedó momentáneamente congelada en el sitio. Seguía sonriendo, pero aquella sonrisa no era para nada alegre. Negó con la cabeza, y algunos mechones de cabello oscuro resbalaron por sus hombros.
—No podían ascenderme después... de lo que pasó. Era algo obvio —confesó, encogiéndose de hombros. Era algo que ella había sabido desde el principio, y aún así se sorprendía lo mucho que le escocía cada vez que lo recordaba.
En ese momento se acercó aquella joven mujer de cabello castaño y marcadas ojeras que les había atendido la última vez. No pareció reconocerlas, pero tampoco era extraño después de que hubiese pasado un año. Aunque sí le dirigió una extrañada mirada Ayame, sobre todo al hecho de que seguía cubriendo su rostro y su cuerpo.
—Buenos días, chicas. ¿Qué os pongo?
—Para mí un batido de chocolate con nata por encima, por favor —pidió Ayame.
El tono suave y educado de la muchacha pareció relajar un poco a la encargada.
—Ascendí a jounin una vez terminó el examen —reveló en voz baja, removiéndose en el sitio con cierta incomodidad.
Y Ayame no supo reprimir su sorpresa. Se había quedado boquiabierta, literalmente hablando. ¡Eso la colocaba al mismo nivel que su hermano mayor!
—¿De verdad? ¿A Jōnin? —repitió. Su rostro cambió de la sorpresa a la alegría en cuestión de centésimas de segundo: la boca abierta de Ayame se convirtió en una gran sonrisa—. ¡Eso es genial, Eri-chan! ¡No conozco a nadie de Uzushiogakure que lo merezca más que tú, de verdad! ¡Muchas felicidades! —aseveró, asintiendo varias veces con la cabeza. Pero entonces reparó en algo, y en aquella ocasión fue ella la que se rascó la mejilla—: Oh, perdona. Quizás ahora debería llamarte Eri-senpai.
—¿Y a ti? —Le devolvió la pelota.
Y Ayame se quedó momentáneamente congelada en el sitio. Seguía sonriendo, pero aquella sonrisa no era para nada alegre. Negó con la cabeza, y algunos mechones de cabello oscuro resbalaron por sus hombros.
—No podían ascenderme después... de lo que pasó. Era algo obvio —confesó, encogiéndose de hombros. Era algo que ella había sabido desde el principio, y aún así se sorprendía lo mucho que le escocía cada vez que lo recordaba.
En ese momento se acercó aquella joven mujer de cabello castaño y marcadas ojeras que les había atendido la última vez. No pareció reconocerlas, pero tampoco era extraño después de que hubiese pasado un año. Aunque sí le dirigió una extrañada mirada Ayame, sobre todo al hecho de que seguía cubriendo su rostro y su cuerpo.
—Buenos días, chicas. ¿Qué os pongo?
—Para mí un batido de chocolate con nata por encima, por favor —pidió Ayame.
El tono suave y educado de la muchacha pareció relajar un poco a la encargada.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)