28/10/2018, 16:17
—Si quieres escríbela y luego vamos a buscar un pergamino, imagino que alguna tienda habrá por ahí —murmuró Eri, encogiéndose de hombros en respuesta—. Lo importante es el mensaje, así que mientras tus palabras sean sinceras, da igual el medio en el que las des.
Ayame suspiró.
—Sí... supongo que sí...
Al final terminó por encogerse de hombros y volvió a inclinarse sobre la libreta, de nuevo con el lápiz apoyado en sus labios y el ceño fruncido y los ojos cerrados en un gesto de profunda concentración. ¿Cómo comenzar a escribir? ¿Cómo expresar sus sentimientos? Demonios, sería tan fácil si simplemente pudiera volcar todos los pensamientos que ocupaban su cabeza... Pero algo así era imposible, y ella lo sabía bien. Tenía que formularlos a través del lápiz que esgrimía en su mano. Esa era su arma ahora. Y la única oportunidad que tenía. Tenía que aprovecharla bien. Tras varios segundos sumida en un tenso silencio, Ayame comenzó a escribir. Lo hacía de forma lenta, cuidando al máximo su caligrafía y las palabras que estaba utilizando. Y tan concentrada estaba que ni siquiera se percató de que la mujer de la cafetería había vuelto con los dos batidos y los había colocado frente a las dos muchachas. Seguía concentrada en aquella importantísima labor, y más de una vez se vio obligada a tachar alguna letra, palabra o incluso frases enteras. Pero no le importó; porque cuando terminó de escribir simplemente arrancó la hoja y pasó todo lo escrito en un nuevo papel limpio.
Y así, tras varios minutos y una última rúbrica, Ayame arrancó la hoja con un mimo casi exagerado para que presentara las mínimas imperfecciones posibles y se lo tendió a Eri tras doblarlo por la mitad un par de veces.
—Ya está. Espero que con esto sea suficiente... —murmuró, torciendo el gesto ligeramente. Sus ojos entonces se fijaron en la copa que había junto a ella y el brillo de ilusión volvió a sus iris castaños—. ¡Oh, mi batido! —exclamó, antes de llevarse la pajita a los labios y deleitarse con el dulce sabor del chocolate.
Ayame suspiró.
—Sí... supongo que sí...
Al final terminó por encogerse de hombros y volvió a inclinarse sobre la libreta, de nuevo con el lápiz apoyado en sus labios y el ceño fruncido y los ojos cerrados en un gesto de profunda concentración. ¿Cómo comenzar a escribir? ¿Cómo expresar sus sentimientos? Demonios, sería tan fácil si simplemente pudiera volcar todos los pensamientos que ocupaban su cabeza... Pero algo así era imposible, y ella lo sabía bien. Tenía que formularlos a través del lápiz que esgrimía en su mano. Esa era su arma ahora. Y la única oportunidad que tenía. Tenía que aprovecharla bien. Tras varios segundos sumida en un tenso silencio, Ayame comenzó a escribir. Lo hacía de forma lenta, cuidando al máximo su caligrafía y las palabras que estaba utilizando. Y tan concentrada estaba que ni siquiera se percató de que la mujer de la cafetería había vuelto con los dos batidos y los había colocado frente a las dos muchachas. Seguía concentrada en aquella importantísima labor, y más de una vez se vio obligada a tachar alguna letra, palabra o incluso frases enteras. Pero no le importó; porque cuando terminó de escribir simplemente arrancó la hoja y pasó todo lo escrito en un nuevo papel limpio.
Y así, tras varios minutos y una última rúbrica, Ayame arrancó la hoja con un mimo casi exagerado para que presentara las mínimas imperfecciones posibles y se lo tendió a Eri tras doblarlo por la mitad un par de veces.
—Ya está. Espero que con esto sea suficiente... —murmuró, torciendo el gesto ligeramente. Sus ojos entonces se fijaron en la copa que había junto a ella y el brillo de ilusión volvió a sus iris castaños—. ¡Oh, mi batido! —exclamó, antes de llevarse la pajita a los labios y deleitarse con el dulce sabor del chocolate.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)