28/10/2018, 16:24
No muy convencida, Ayame volvió a concentrarse al máximo hasta el punto en quedar perdida en sus pensamientos para lograr escribir la carta de disculpa hacia el Uzukage. Eri contemplaba a la morena, expectante, hasta que comenzó a plasmar sus palabras en el papel con cierto cuidado, aunque sin evitar tachar y corregir lo que estaba redactando.
La pelirroja agradeció a la mujer que había traído su pedido y comenzó a beber su batido con cierto aire nervioso y aburrido, pues tampoco quería interrumpir la concentración de la amejin. Dejó la pajita colocada para que no vertiese su contenido y volvió a juguetear con el menú. Ya había leído tres veces los diferentes platos que ofertaban cuando Ayame, decidida, comenzó a arrancar con sumo cuidado la segunda carta que había escrito.
—Ya está. Espero que con esto sea suficiente...—Eri asintió y tomó la carta que comenzó a sellarse bajo la muñeca. Ayame, por su parte, recuperó su habitual estado y vio con cierta alegría su batido, que no tardó en atacar.
Una vez guardada la carta, Eri sonrió y apuró el suyo, con cierto desánimo pues no le quedaba tanto como a Ayame.
—¿Qué escribiste al final? —no pudo evitar preguntar, pues su curiosidad la mataba y, la verdad, es que sentía que podría decírselo, pues era ella quien llevaría la carta a su destinatario.
La pelirroja agradeció a la mujer que había traído su pedido y comenzó a beber su batido con cierto aire nervioso y aburrido, pues tampoco quería interrumpir la concentración de la amejin. Dejó la pajita colocada para que no vertiese su contenido y volvió a juguetear con el menú. Ya había leído tres veces los diferentes platos que ofertaban cuando Ayame, decidida, comenzó a arrancar con sumo cuidado la segunda carta que había escrito.
—Ya está. Espero que con esto sea suficiente...—Eri asintió y tomó la carta que comenzó a sellarse bajo la muñeca. Ayame, por su parte, recuperó su habitual estado y vio con cierta alegría su batido, que no tardó en atacar.
Una vez guardada la carta, Eri sonrió y apuró el suyo, con cierto desánimo pues no le quedaba tanto como a Ayame.
—¿Qué escribiste al final? —no pudo evitar preguntar, pues su curiosidad la mataba y, la verdad, es que sentía que podría decírselo, pues era ella quien llevaría la carta a su destinatario.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)