14/11/2018, 01:56
— Geeeez... ¿Cómo puedes aguantar este lugar? Todos nos miran como bichos raros, pero a ti se te ve muy suelto y cómodo. — susurró colocando una mano en su propia mejilla, con la esperanza de que nadie la viera cuchichear y arqueó una ceja en señal de duda, esperando una respuesta tranquilizadora.
—En realidad, siendo que vienen de un lugar que desconocen totalmente, en realidad es normal que los foráneos les parezcan bichos raros —señaló, arrojando una mirada distraída a las sombras del local—. Esta gente tiene vidas monótonas y tranquilas, y no les gusta que nadie altere ese orden; por eso están siempre atentos a los posibles problemas que puedan causar los visitantes.
Dudo por un instante y tamborileo la madera de la barra con sus dedos, como pensando en las palabras de la muchacha. Lo cierto es que había pensado que un ambiente de recelo general era algo habitual, pero allí parecía haber algo más que eso, algo sutil y difícil de definir.
—Aunque si están un poco más alertas de lo que corresponde —reconoció—; pero mientras mantengamos las interacciones al mínimo no habrá problemas.
De entre las sombras surgió el tendero, llevando en una bandeja de madera desgastada el pedido de ambos muchachos: uno era un zumo de melocotón espeso y espumoso, de preparación sencilla; el otro era un tazón con unas gachas humeantes y viscosas. Ambas preparaciones estaban acompañadas por el típico pan de pueblo, pequeñas esferas medio dulces y ligeras.
El hombre detrás de la barra esperaría a que comenzasen a comer para dirigirles la palabra:
—Y entonces…, ¿Qué trae a un par de chicos a un pueblo como este? —pregunto, con naturalidad y un interés no tan casual.
—En realidad, siendo que vienen de un lugar que desconocen totalmente, en realidad es normal que los foráneos les parezcan bichos raros —señaló, arrojando una mirada distraída a las sombras del local—. Esta gente tiene vidas monótonas y tranquilas, y no les gusta que nadie altere ese orden; por eso están siempre atentos a los posibles problemas que puedan causar los visitantes.
Dudo por un instante y tamborileo la madera de la barra con sus dedos, como pensando en las palabras de la muchacha. Lo cierto es que había pensado que un ambiente de recelo general era algo habitual, pero allí parecía haber algo más que eso, algo sutil y difícil de definir.
—Aunque si están un poco más alertas de lo que corresponde —reconoció—; pero mientras mantengamos las interacciones al mínimo no habrá problemas.
De entre las sombras surgió el tendero, llevando en una bandeja de madera desgastada el pedido de ambos muchachos: uno era un zumo de melocotón espeso y espumoso, de preparación sencilla; el otro era un tazón con unas gachas humeantes y viscosas. Ambas preparaciones estaban acompañadas por el típico pan de pueblo, pequeñas esferas medio dulces y ligeras.
El hombre detrás de la barra esperaría a que comenzasen a comer para dirigirles la palabra:
—Y entonces…, ¿Qué trae a un par de chicos a un pueblo como este? —pregunto, con naturalidad y un interés no tan casual.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
