16/12/2018, 20:31
Y su ninja... se rompió.
Es difícil de explicar lo extraño que resultaba para alguien ver a Uchiha Datsue caer de esa manera. Quienes lo conocieran os dirían que estáis mintiendo, o, de hecho, como cualquier hombre o mujer sensato así diría, que él estaba mintiendo. Pero había que estar allí, en la posición de Hanabi, y había que haber visto y vivido lo que él junto con aquél ninja. Para bien o para mal, sí, Hanabi consideraba a Datsue su ninja y por tanto había empezado a aprender a reconocer y diferenciar los melodramas teatrales de Datsue de las verdaderas emociones del chico.
Y ahora estaba triste. Y un poco nostálgico.
Él también había perdido una pareja y un compañero, hacía ya años. Eran, de hecho, la misma persona. Y fue, de hecho, por una traición muy parecida a la potencial de Uchiha Akame. Hanabi cerró los ojos y negó con la cabeza.
—Datsue, probablemente creas que lo digo sólo por intentar animarte, pero sé cómo te sientes. Déjame que te cuente una historia.
»Una vez participé en una larga misión con una compañera algo guapilla y con una personalidad de fuego, allá en el País de la Tierra. Se llamaba Garadea. Recuerdo que congeniamos casi al instante. No paraba de meterse conmigo, y yo con ella, pero esa camaradería nos unió. De una forma... digamos que fuimos más que amigos.
»La relación duró cinco largos años. Y luego la descubrieron. Había sido una espía todo el tiempo. Unos asesinos planeaban asesinar a Shiona-sama y al Señor Feudal. Garadea era la encargada de acabar con la Uzukage.
»Yo mismo la maté.
Hubo un tenso silencio, de al menos medio minuto. Hanabi tenía la mirada clavada en la mesa.
»Todavía no estamos seguros de qué clase de vínculo ha llegado a tener Akame con esa organización. Sí que sabemos que su actitud durante las misiones cambió muchísimo desde que conoció a Shiona. Quizás ella consiguiera hacer despertar algo de patriotismo por la aldea en él. Pero no podemos descartar nada. ¿Lo entiendes, verdad?
»Te estoy confiando esto porque quiero que estés conmigo en todo, y también porque quizás tú puedas terminar de hacer que Akame sea uno de los nuestros. Pero necesitamos estar seguro de que cualquier relación con esa organización ha finalizado. Por el momento, no hemos conseguido mucha información. Quizás tú seas capaz de sonsacarle algo más.
»Y por eso te doy permiso para visitarlo siempre que quieras. Comprende que si no confiase en ti, no lo haría, bajo temor de que le liberes.
Hanabi suspiró.
»En cuanto a lo de Aiko, ¿no ves que no podemos hacer nada? No puedo hacer nada. Es una ninja de otro país. ¿Qué derecho tenemos nosotros a decirle a Yui qué prisionero debe dejar libre o no?
Es difícil de explicar lo extraño que resultaba para alguien ver a Uchiha Datsue caer de esa manera. Quienes lo conocieran os dirían que estáis mintiendo, o, de hecho, como cualquier hombre o mujer sensato así diría, que él estaba mintiendo. Pero había que estar allí, en la posición de Hanabi, y había que haber visto y vivido lo que él junto con aquél ninja. Para bien o para mal, sí, Hanabi consideraba a Datsue su ninja y por tanto había empezado a aprender a reconocer y diferenciar los melodramas teatrales de Datsue de las verdaderas emociones del chico.
Y ahora estaba triste. Y un poco nostálgico.
Él también había perdido una pareja y un compañero, hacía ya años. Eran, de hecho, la misma persona. Y fue, de hecho, por una traición muy parecida a la potencial de Uchiha Akame. Hanabi cerró los ojos y negó con la cabeza.
—Datsue, probablemente creas que lo digo sólo por intentar animarte, pero sé cómo te sientes. Déjame que te cuente una historia.
»Una vez participé en una larga misión con una compañera algo guapilla y con una personalidad de fuego, allá en el País de la Tierra. Se llamaba Garadea. Recuerdo que congeniamos casi al instante. No paraba de meterse conmigo, y yo con ella, pero esa camaradería nos unió. De una forma... digamos que fuimos más que amigos.
»La relación duró cinco largos años. Y luego la descubrieron. Había sido una espía todo el tiempo. Unos asesinos planeaban asesinar a Shiona-sama y al Señor Feudal. Garadea era la encargada de acabar con la Uzukage.
»Yo mismo la maté.
Hubo un tenso silencio, de al menos medio minuto. Hanabi tenía la mirada clavada en la mesa.
»Todavía no estamos seguros de qué clase de vínculo ha llegado a tener Akame con esa organización. Sí que sabemos que su actitud durante las misiones cambió muchísimo desde que conoció a Shiona. Quizás ella consiguiera hacer despertar algo de patriotismo por la aldea en él. Pero no podemos descartar nada. ¿Lo entiendes, verdad?
»Te estoy confiando esto porque quiero que estés conmigo en todo, y también porque quizás tú puedas terminar de hacer que Akame sea uno de los nuestros. Pero necesitamos estar seguro de que cualquier relación con esa organización ha finalizado. Por el momento, no hemos conseguido mucha información. Quizás tú seas capaz de sonsacarle algo más.
»Y por eso te doy permiso para visitarlo siempre que quieras. Comprende que si no confiase en ti, no lo haría, bajo temor de que le liberes.
Hanabi suspiró.
»En cuanto a lo de Aiko, ¿no ves que no podemos hacer nada? No puedo hacer nada. Es una ninja de otro país. ¿Qué derecho tenemos nosotros a decirle a Yui qué prisionero debe dejar libre o no?
