17/12/2018, 01:18
Claro que creía que lo decía para animarle, aunque eso no quitó peso a la historia que Hanabi le narró. En muchos aspectos, muy parecida a la suya propia. Había conocido a alguien que le había cambiado la vida. Que le había hecho sentir, que le había hecho amar. Para luego descubrir que era una espía, a la que había tenido que asesinar.
Datsue, en el fondo, sabía que debía oír aquella historia con admiración. Pero en realidad, fue como otro mazazo. ¿Era eso lo que le esperaba a él? ¿Asesinar a su propio Hermano… por su Villa?
Recuerdos fugaces invadieron su mente como rápidas diapositivas. Akame, jugándose la vida para traerle de vuelta a la Aldea cuando Shukaku había tomado control de su cuerpo. Akame, muriendo ante sus ojos cuando le habían sellado el bijuu. Akame, uniéndose a él para derrotar a Zoku. Akame, ayudándole a pagar su deuda con el Hierro sin pedir nada a cambio. Sin hacer preguntas incómodas. Datsue le había pedido un delicado favor, y el cabrón había asentido antes siquiera de terminar de darle los detalles. Como dando por hecho que, fuese lo que fuese, iba a hacerlo.
Hasta ese punto llegaba su camaradería. Habían aprendido a ser camaradas hacía ya más de un año, cuando tras una fuerte pelea, Uchiha Raito, su sensei, les había esposado el uno al otro, obligándoles a permanecer juntos por casi un mes.
Allí habían fraguado su amistad. Allí habían fraguado su verdadera hermandad.
El solo hecho de imaginarse matándole le daban náuseas. Sabía que la decisión de Hanabi era la correcta. El propio Akame había respondido lo mismo en el examen. Pero Datsue… ¿amaba tanto a su Villa? ¿Más que a los suyos?
Él no era un uzujin de nacimiento. Provenía de la Ribera del Norte, y el dinero y el éxito fue lo único que le condujo a la Villa. Ni patriotismo, ni amor por nada. Fue la propia gente quien le hizo sentir eso. Nabi, Eri, Akame… Sin ellos, no sería quién era ahora. ¿Cómo sacrificar a ninguno? ¿Cómo matarse a sí mismo? ¿Por quién lucharía después? Había criticado a Daruu, Ayame y Kaido incontables veces por no hacer nada por ayudar a Aiko. Una persona a la que casi ni conocían.
¿De verdad se iba a convertir en el mayor hipócrita del mundo? ¿Hacer lo mismo no ya con Aiko, sino su propio Hermano? ¿Abandonarle y hacer como si no existiese, como tantas veces había criticado?
¿Quién era él, entonces? ¿¡En quién cojones se estaba convirtiendo!?
No lo sabía, ya no tenía respuestas para nada. El mundo se le caía abajo y tan solo veía oscuridad. Una pequeña luz surgió de la negrura. Hanabi le daba permiso para visitar a Akame, y para tratar de sonsacarle algo. Eso le daba esperanza… y miedo al mismo tiempo. ¿Qué pasaba si no lo conseguía? O, algo peor, ¿lo conseguía y descubría algo terrible? ¿Algo imperdonable? ¿Qué pasaría entonces?
Le dieron ganas de atarse una soga al cuello y olvidarse de verdad de todo.
—Le agradezco la confianza, Hanabi-sama… Yo… Haré todo lo posible para que nos cuente todo —se restregó los ojos con el dorso de la mano. No sabía ni qué decir. Estaba superado. Había recibido un palo de improvisto demasiado gordo como para asumir en un minuto—. Entiendo que no se pueda hacer demasiado con Aiko en estos momentos, pero… Quizá algún día ellos me deban un favor a mí. Y… —Joder, tenía ganas de llorar de nuevo. Aquello era patético. Oh, sí, Datsue. Te deberán un favor, ¿y entonces qué?, le preguntó una voz. ¿Liberarían a Aiko solo por eso? ¿Después de todos los problemas y burlas que les había causado?
Ni hablar.
Claro que, en realidad, sí que les debían una. ¿Acaso Daruu no había tratado de asesinar a uno de los suyos? ¿Y acaso Hanabi no le había perdonado la vida? ¿No podían exigir ahora, a cambio, la vida de Aiko por la perdonada?
«Pero Hanabi nunca aceptaría hacerles una propuesta así», se respondió a sí mismo. Y sabía que llevaba razón. Algo así dinamitaría cualquier tratado de paz que quisiese instaurar.
Datsue, en el fondo, sabía que debía oír aquella historia con admiración. Pero en realidad, fue como otro mazazo. ¿Era eso lo que le esperaba a él? ¿Asesinar a su propio Hermano… por su Villa?
Recuerdos fugaces invadieron su mente como rápidas diapositivas. Akame, jugándose la vida para traerle de vuelta a la Aldea cuando Shukaku había tomado control de su cuerpo. Akame, muriendo ante sus ojos cuando le habían sellado el bijuu. Akame, uniéndose a él para derrotar a Zoku. Akame, ayudándole a pagar su deuda con el Hierro sin pedir nada a cambio. Sin hacer preguntas incómodas. Datsue le había pedido un delicado favor, y el cabrón había asentido antes siquiera de terminar de darle los detalles. Como dando por hecho que, fuese lo que fuese, iba a hacerlo.
Hasta ese punto llegaba su camaradería. Habían aprendido a ser camaradas hacía ya más de un año, cuando tras una fuerte pelea, Uchiha Raito, su sensei, les había esposado el uno al otro, obligándoles a permanecer juntos por casi un mes.
Allí habían fraguado su amistad. Allí habían fraguado su verdadera hermandad.
El solo hecho de imaginarse matándole le daban náuseas. Sabía que la decisión de Hanabi era la correcta. El propio Akame había respondido lo mismo en el examen. Pero Datsue… ¿amaba tanto a su Villa? ¿Más que a los suyos?
Él no era un uzujin de nacimiento. Provenía de la Ribera del Norte, y el dinero y el éxito fue lo único que le condujo a la Villa. Ni patriotismo, ni amor por nada. Fue la propia gente quien le hizo sentir eso. Nabi, Eri, Akame… Sin ellos, no sería quién era ahora. ¿Cómo sacrificar a ninguno? ¿Cómo matarse a sí mismo? ¿Por quién lucharía después? Había criticado a Daruu, Ayame y Kaido incontables veces por no hacer nada por ayudar a Aiko. Una persona a la que casi ni conocían.
¿De verdad se iba a convertir en el mayor hipócrita del mundo? ¿Hacer lo mismo no ya con Aiko, sino su propio Hermano? ¿Abandonarle y hacer como si no existiese, como tantas veces había criticado?
¿Quién era él, entonces? ¿¡En quién cojones se estaba convirtiendo!?
No lo sabía, ya no tenía respuestas para nada. El mundo se le caía abajo y tan solo veía oscuridad. Una pequeña luz surgió de la negrura. Hanabi le daba permiso para visitar a Akame, y para tratar de sonsacarle algo. Eso le daba esperanza… y miedo al mismo tiempo. ¿Qué pasaba si no lo conseguía? O, algo peor, ¿lo conseguía y descubría algo terrible? ¿Algo imperdonable? ¿Qué pasaría entonces?
Le dieron ganas de atarse una soga al cuello y olvidarse de verdad de todo.
—Le agradezco la confianza, Hanabi-sama… Yo… Haré todo lo posible para que nos cuente todo —se restregó los ojos con el dorso de la mano. No sabía ni qué decir. Estaba superado. Había recibido un palo de improvisto demasiado gordo como para asumir en un minuto—. Entiendo que no se pueda hacer demasiado con Aiko en estos momentos, pero… Quizá algún día ellos me deban un favor a mí. Y… —Joder, tenía ganas de llorar de nuevo. Aquello era patético. Oh, sí, Datsue. Te deberán un favor, ¿y entonces qué?, le preguntó una voz. ¿Liberarían a Aiko solo por eso? ¿Después de todos los problemas y burlas que les había causado?
Ni hablar.
Claro que, en realidad, sí que les debían una. ¿Acaso Daruu no había tratado de asesinar a uno de los suyos? ¿Y acaso Hanabi no le había perdonado la vida? ¿No podían exigir ahora, a cambio, la vida de Aiko por la perdonada?
«Pero Hanabi nunca aceptaría hacerles una propuesta así», se respondió a sí mismo. Y sabía que llevaba razón. Algo así dinamitaría cualquier tratado de paz que quisiese instaurar.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado