28/12/2018, 21:31
Cuando Kiroe aseguró haber tenido miedo de ella, Yui resopló y sus labios se movieron de arriba abajo a medida que el aire pasaba a través de ellos. Lo que le faltaba por oír. ¿Miedo? ¡Pero si era una buena Kage! Lo que nadie podía esperar de ella, eso sí, era perdonar a los que la traicionaban. Esos solo tenían una cura posible, y por desgracia, había tenido que aprender muy bien cuál era.
Y si no se la había aplicado a ellos todavía, era porque, precisamente, no los consideraba unos.
—Además, por lo que me ha contado tu hijo, esa técnica consume mucho chakra —intervino Zetsuo, con el puño cerrado sobre la rodilla flexionada—. Habría gastado demasiada energía yendo y viniendo, y más aún si se llevaba a más personas consigo. Pero la culpa no es sólo de Kiroe, como ella misma está intentando hacer ver. Todos nosotros cometimos errores.
—¡ANDA NO ME JODAS, ZETSUO! ¡Que Kiroe ya acaba de decir que se vino y volvió! ¡Qué chakra ni que Sumizu muerto! —estalló, aguantándose, sin saber muy bien cómo, de darle una hostia allí mismo para que se espabilase—. ¡Podría haberos enviado refuerzos! ¡Podría haberos avisado de lo que le había pasado a Ayame! Y en su lugar, os dejasteis llevar por las emociones —masculló con decepción, casi con rabia. No podía creérselo, menos de Zetsuo—. ¡Debería quitarte la placa de Jōnin, joder! —le espetó. Y a cada palabra que oía, más lo pensaba—. ¡Pero ahora tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos! —Oh, pero que no pensasen ni por un segundo que iban a quedarse sin castigo. Sí, lo tendrían. ¿Unos días en el calabozo, quizá? No, eso era demasiado simple. Ellos se merecían algo mejor. Algo más ingenioso. Le daría vueltas—. ¡Levantos! —ordenó, cansada ya de verlos con la rodilla hincada—. Y decidme cualquier otra cosa que deba saber sobre el rescate o Ayame, antes de que hable con ella.
—Según sabemos por Uzu y Kusa —informó Shanise—, la mujer que revertió el sello, Kuroyoki, es una de las ocho Generales de Kurama. Un bijū que quiere dominar el mundo, el cual Kenzou afirma debe tratarse del Ocho o Nueve Colas.
A todo esto, seguía sin llover.
Y si no se la había aplicado a ellos todavía, era porque, precisamente, no los consideraba unos.
—Además, por lo que me ha contado tu hijo, esa técnica consume mucho chakra —intervino Zetsuo, con el puño cerrado sobre la rodilla flexionada—. Habría gastado demasiada energía yendo y viniendo, y más aún si se llevaba a más personas consigo. Pero la culpa no es sólo de Kiroe, como ella misma está intentando hacer ver. Todos nosotros cometimos errores.
—¡ANDA NO ME JODAS, ZETSUO! ¡Que Kiroe ya acaba de decir que se vino y volvió! ¡Qué chakra ni que Sumizu muerto! —estalló, aguantándose, sin saber muy bien cómo, de darle una hostia allí mismo para que se espabilase—. ¡Podría haberos enviado refuerzos! ¡Podría haberos avisado de lo que le había pasado a Ayame! Y en su lugar, os dejasteis llevar por las emociones —masculló con decepción, casi con rabia. No podía creérselo, menos de Zetsuo—. ¡Debería quitarte la placa de Jōnin, joder! —le espetó. Y a cada palabra que oía, más lo pensaba—. ¡Pero ahora tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos! —Oh, pero que no pensasen ni por un segundo que iban a quedarse sin castigo. Sí, lo tendrían. ¿Unos días en el calabozo, quizá? No, eso era demasiado simple. Ellos se merecían algo mejor. Algo más ingenioso. Le daría vueltas—. ¡Levantos! —ordenó, cansada ya de verlos con la rodilla hincada—. Y decidme cualquier otra cosa que deba saber sobre el rescate o Ayame, antes de que hable con ella.
—Según sabemos por Uzu y Kusa —informó Shanise—, la mujer que revertió el sello, Kuroyoki, es una de las ocho Generales de Kurama. Un bijū que quiere dominar el mundo, el cual Kenzou afirma debe tratarse del Ocho o Nueve Colas.
A todo esto, seguía sin llover.
