8/10/2015, 20:57
- Está bien, cuando todo esté listo, tómate tu tiempo. - Aseguró la kunoichi quitándose los zapatos y moviendo los dedos de los pies como si no los hubiese movido en la vida. Suspiró de placer, tenía demasiado dolor en ellos y necesitaba descansar un poco. Miró atentamente como Kazuma se encargaba de poner todo en orden y le dio un poco de pena. ¿No debería ayudarle? Suspiró, no podía, si no terminaría rompiendo o manchando esas estúpidas ropas.
Cuanto más se miraba a sus ropas, más odiaba a la mujer a la que le estaba haciendo el favor.
Observó el gran caballo de piel oscura que sacó del establo, era precioso. Su pelaje, negro azabache, brillaba con el sol, haciendo al carruaje parecer incluso más lujoso de lo que ya era. De nuevo el malestar se instauraba en su cuerpo... ¿Debería irse y no hacer al peliblanco pasar por eso? No, ya no podía, estaba todo montado.
''¿Sabrán esto los chicos?''
Se preguntó mentalmente imaginándose como Nabi, Juro y Yota estaban subidos a un carruaje, bueno, luego la imagen se distorsionó de tal manera que Juro estaba montado en el caballo mientras le pegaba latigazos al animal para que acelerara el paso mientras que ambos rubios saltaban dentro del carruaje. Rápidamente negó con la cabeza, mejor disipar esos pensamientos antes de que fueran a peor. Kazuma ya se había posicionado como cochero, y la joven huérfana podía ver su espalda totalmente. No le gustaba que le diesen la espalda, pero era lo que tocaba.
-Oh, vaya, pues... ¿Recuerdas mi sentido pésimo de la orientación? Pues... Si podemos improvisar, muchísimo mejor. - Sugirió mientras se rascaba la nuca, un poco nerviosa por la situación. - O si no, la que tu elijas por mí basta, ya que seguramente te sepas todos los recorridos, Kazuma-san. - Volvió a sugerir, esta vez con una sonrisa pintada en el rostro, aún sin que el de ojos grises pudiese verla. Sus ganas de partir eran enormes, pero todo venía a su tiempo.
Cuanto más se miraba a sus ropas, más odiaba a la mujer a la que le estaba haciendo el favor.
Observó el gran caballo de piel oscura que sacó del establo, era precioso. Su pelaje, negro azabache, brillaba con el sol, haciendo al carruaje parecer incluso más lujoso de lo que ya era. De nuevo el malestar se instauraba en su cuerpo... ¿Debería irse y no hacer al peliblanco pasar por eso? No, ya no podía, estaba todo montado.
''¿Sabrán esto los chicos?''
Se preguntó mentalmente imaginándose como Nabi, Juro y Yota estaban subidos a un carruaje, bueno, luego la imagen se distorsionó de tal manera que Juro estaba montado en el caballo mientras le pegaba latigazos al animal para que acelerara el paso mientras que ambos rubios saltaban dentro del carruaje. Rápidamente negó con la cabeza, mejor disipar esos pensamientos antes de que fueran a peor. Kazuma ya se había posicionado como cochero, y la joven huérfana podía ver su espalda totalmente. No le gustaba que le diesen la espalda, pero era lo que tocaba.
-Oh, vaya, pues... ¿Recuerdas mi sentido pésimo de la orientación? Pues... Si podemos improvisar, muchísimo mejor. - Sugirió mientras se rascaba la nuca, un poco nerviosa por la situación. - O si no, la que tu elijas por mí basta, ya que seguramente te sepas todos los recorridos, Kazuma-san. - Volvió a sugerir, esta vez con una sonrisa pintada en el rostro, aún sin que el de ojos grises pudiese verla. Sus ganas de partir eran enormes, pero todo venía a su tiempo.