7/01/2019, 00:47
Al ver como Hanabi alzaba su mano, ella enmudeció totalmente y bajó la mirada al suelo, claramente abochornada por su comportamiento. Sin embargo, el líder de su aldea era alguien más benevolente de lo que ella merecía, pues comenzó a contestar sus energúmenas preguntas.
—Han ocurrido... muchas cosas. Me sorprende que no te hayas enterado, con el revuelo que hubo hace un par de noches —dijo—. Pero este cansado Uzukage tiene hambre y está un poco debilucho, ¿podemos hablar cuando estemos sentados? ¿Tienes té rojo? Me encanta el té rojo.
—Claro, Uzukage-sama, tome asiento allí, en el sillón —señaló al centro de la sala, donde se situaba un sillón de color oscuro tapado parcialmente por lo que parecía una tela algo vieja, frente a éste había una pequeña mesa de madera también oscura—. Iré a por su té.
—Además, traigo malas noticias. Muy malas. Y algo difíciles de digerir. Así que será mejor que hablemos con tranquilidad.
Ella asintió, incómoda, mientras iba a preparar el té rojo que quería Hanabi. Tardó un poco más de lo que ella quería, pues sus últimas palabras hacían que sus manos temblasen ligeramente, incapaz de anticipar lo que había ocurrido para que fuesen malas noticias. Así, tras más o menos quince minutos, Eri se acercaba al lugar con una bandeja donde se hallaba el recipiente que contenía el té rojo del Uzukage, su taza de chocolate y unas pastas que había colocado en un plato.
—Aquí tiene, Uzukage-sama.
No quería instarle más, pero se moría por dentro solo por querer escuchar lo que había ocurrido.
—Han ocurrido... muchas cosas. Me sorprende que no te hayas enterado, con el revuelo que hubo hace un par de noches —dijo—. Pero este cansado Uzukage tiene hambre y está un poco debilucho, ¿podemos hablar cuando estemos sentados? ¿Tienes té rojo? Me encanta el té rojo.
—Claro, Uzukage-sama, tome asiento allí, en el sillón —señaló al centro de la sala, donde se situaba un sillón de color oscuro tapado parcialmente por lo que parecía una tela algo vieja, frente a éste había una pequeña mesa de madera también oscura—. Iré a por su té.
—Además, traigo malas noticias. Muy malas. Y algo difíciles de digerir. Así que será mejor que hablemos con tranquilidad.
Ella asintió, incómoda, mientras iba a preparar el té rojo que quería Hanabi. Tardó un poco más de lo que ella quería, pues sus últimas palabras hacían que sus manos temblasen ligeramente, incapaz de anticipar lo que había ocurrido para que fuesen malas noticias. Así, tras más o menos quince minutos, Eri se acercaba al lugar con una bandeja donde se hallaba el recipiente que contenía el té rojo del Uzukage, su taza de chocolate y unas pastas que había colocado en un plato.
—Aquí tiene, Uzukage-sama.
No quería instarle más, pero se moría por dentro solo por querer escuchar lo que había ocurrido.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)