8/01/2019, 16:49
A pesar de haber dicho que se sentía nervioso, el peliblanco no lo mostraba. De entre todo lo que hizo, eso fue lo que le causó más extrañeza a la kunoichi. Ranko parecía tener un pensamiento recurrente con todos con quienes se encontraba: ¿cómo pueden aguantar? ¿Cómo pueden expresarse tan fácilmente? ¿Por qué ella sucumbía casi al instante ante la pena y la vergüenza? ¿Por qué no podía ser como la persona que tenía al lado, que decía estar nerviosa, pero eso no le impedía hablar como un ser humano normal? Jugueteó con sus pulgares, con la mirada baja, asintiendo cuando el chico hacía un comentario sobre el aire invernal.
”Oh… No me dijo su nombre. ¿Está distraído? Me llamó apropiadamente por mi nombre, así que sí escuchó que me presenté… Oh, cielos, no lo dije bien. Tal vez no considera lo que dije una presentación, por ser tan fofa y tartamudeada. ¡Debo de hacerlo de nuevo! ¿Sería de mala educación preguntarle su nombre directamente?”
El joven de piel morena le ofreció a Ranko una barra, de ésas rellenas de jalea. Ranko apretó los labios. Se le hizo un poco raro el que adulara tanto a un alimento tan común, aunque su comparación con el pan caliente le hizo algo de gracia a ella.
”Se supone que no hay que aceptar comida de extraños… Aunque no se ve como una mala persona, no debería de tomar algo que viene de alguien que ni siquiera se ha presentado. Y la forma en que se refiere a ellas… No sé. Además bebí algo de té antes de salir de casa.”
Ranko alzó una palma temblorosa y negó rápidamente con la cabeza.
—Gra-gracias, pero no tengo mucha hambre. Ya… Ya tuve algo antes. Disculpe —Esperaba que el chico no se molestara, aunque, de nuevo, se notaba bastante relajado. Siguió hablando de las barras, y de cómo su jalea no sabía a fresa auténtica. Ranko asintió con una tímida sonrisa —. ¡Oh, sí! Es como… como esas bebidas en… bebidas en polvo. La de uva… bueno, ahm… la de uva no sabe a uva real. Pero si bebes mucho, acabas… ehm… acabas relacionando el sabor a la uva. Creo.
Por un momento, había alzado la vista hacia el chico. No solo su forma de hablar, sino también su apariencia, le daban a Ranko una impresión de inocencia o ingenuidad. Casi como ella, a veces. La manera en la que comentaba cosas comunes, como el sabor, o la comida, eran dignos para un evento de poesía como en el que estaban. A Ranko no le gustaban las cosas demasiado dulces o demasiado amargas. Para ella, lo maravilloso de un sabor estaba en la sutileza del mismo. Quiso expresar eso, mas en su lugar solo bajó la mirada de nuevo. La tranquilidad que irradiaba el peliblanco le hacía estar, muy lentamente, cada vez más calmada.
”Oh… No me dijo su nombre. ¿Está distraído? Me llamó apropiadamente por mi nombre, así que sí escuchó que me presenté… Oh, cielos, no lo dije bien. Tal vez no considera lo que dije una presentación, por ser tan fofa y tartamudeada. ¡Debo de hacerlo de nuevo! ¿Sería de mala educación preguntarle su nombre directamente?”
El joven de piel morena le ofreció a Ranko una barra, de ésas rellenas de jalea. Ranko apretó los labios. Se le hizo un poco raro el que adulara tanto a un alimento tan común, aunque su comparación con el pan caliente le hizo algo de gracia a ella.
”Se supone que no hay que aceptar comida de extraños… Aunque no se ve como una mala persona, no debería de tomar algo que viene de alguien que ni siquiera se ha presentado. Y la forma en que se refiere a ellas… No sé. Además bebí algo de té antes de salir de casa.”
Ranko alzó una palma temblorosa y negó rápidamente con la cabeza.
—Gra-gracias, pero no tengo mucha hambre. Ya… Ya tuve algo antes. Disculpe —Esperaba que el chico no se molestara, aunque, de nuevo, se notaba bastante relajado. Siguió hablando de las barras, y de cómo su jalea no sabía a fresa auténtica. Ranko asintió con una tímida sonrisa —. ¡Oh, sí! Es como… como esas bebidas en… bebidas en polvo. La de uva… bueno, ahm… la de uva no sabe a uva real. Pero si bebes mucho, acabas… ehm… acabas relacionando el sabor a la uva. Creo.
Por un momento, había alzado la vista hacia el chico. No solo su forma de hablar, sino también su apariencia, le daban a Ranko una impresión de inocencia o ingenuidad. Casi como ella, a veces. La manera en la que comentaba cosas comunes, como el sabor, o la comida, eran dignos para un evento de poesía como en el que estaban. A Ranko no le gustaban las cosas demasiado dulces o demasiado amargas. Para ella, lo maravilloso de un sabor estaba en la sutileza del mismo. Quiso expresar eso, mas en su lugar solo bajó la mirada de nuevo. La tranquilidad que irradiaba el peliblanco le hacía estar, muy lentamente, cada vez más calmada.
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