11/01/2019, 20:19
Imité a Eri en todo, siguiendola en silencio, inclinando la cabeza al pasar y sentandome en una de esas sillas de madera. Llegó un punto que de tanto imitarla, por un momento, me llevé las manos al pecho por si me habían crecido unas preciosas, pero no. Así que, triste por dentro, neutro por fuera, atendí a la conversación.
—Estamos aquí por la desaparición, tanto de un arma como de un hombre, así que necesitamos hacerles unas preguntas antes de actuar. Primero, me gustaría que nos hablasen del arma realizada y a quién iba dirigida y también sobre el hombre desaparecido, cuándo y cómo ocurrió, y sobre los bandidos que os llevaban acosando tiempo.
Ante el codazo de Eri tuve que decir algo.
— Y una prenda que huela a él, a poder ser una prenda intima, como un calcetín o un calzoncillo con sustancia.
Y eso es lo que pasa cuando llevas mucho tiempo sin hablar. Que cuando abres la boca, ya no sabes lo que es el decoro ni la normalidad social.
Kaji se frotó los ojos con los dedos intentando tranquilizarse.
— Pero a ver, todo eso ya lo expliqué en la petición. Simplemente una mañana no estaban ni él ni el arma. Supongo que sería por la noche hace tres días ya. Sobre quien es el cliente, me temo que no veo qué relación puede tener, pero el arma... Oh, dios, era una locura, se suponía que iba a ser únicamente decorativa. Como haya algún loco capaz de blandirla.
Tomó una buena bocanada de aire antes de continuar.
— Es un hacha de doble filo, la más grande y gorda que haya hecho en mi vida, toda de acero. El mango mide casi dos metros y cada filo más de 60 cm de largo. Todo bien revestido para que nada ceda por el peso, alocado, que tiene ese cacharro. Para moverla por la forja, teníamos que hacerlo entre los dos. Obviamente, además tenía algunos detalles con oro. Pero eso ya no me preocupa, me preocupa más que un bicharraco así, que puede partir a una persona en dos solo por peso esté en manos de unos locos.
Contra más hablaba del arma, más pasaba de la preocupación a la histeria. Había empezado a quitarse trozos de la armadura de encima, sobrepasado por la situación.
— Ah, sí, los bandidos. Están escondidos en alguna de las minas abandonadas. Aunque todas están conectadas, hay muchas entradas que se abandonaron cuando se abrieron otras más cerca del hierro. Querían armas gratis, los muy canallas.
Miré al herrero y miré a Eri. Me había ignorado por completo.
—Estamos aquí por la desaparición, tanto de un arma como de un hombre, así que necesitamos hacerles unas preguntas antes de actuar. Primero, me gustaría que nos hablasen del arma realizada y a quién iba dirigida y también sobre el hombre desaparecido, cuándo y cómo ocurrió, y sobre los bandidos que os llevaban acosando tiempo.
Ante el codazo de Eri tuve que decir algo.
— Y una prenda que huela a él, a poder ser una prenda intima, como un calcetín o un calzoncillo con sustancia.
Y eso es lo que pasa cuando llevas mucho tiempo sin hablar. Que cuando abres la boca, ya no sabes lo que es el decoro ni la normalidad social.
Kaji se frotó los ojos con los dedos intentando tranquilizarse.
— Pero a ver, todo eso ya lo expliqué en la petición. Simplemente una mañana no estaban ni él ni el arma. Supongo que sería por la noche hace tres días ya. Sobre quien es el cliente, me temo que no veo qué relación puede tener, pero el arma... Oh, dios, era una locura, se suponía que iba a ser únicamente decorativa. Como haya algún loco capaz de blandirla.
Tomó una buena bocanada de aire antes de continuar.
— Es un hacha de doble filo, la más grande y gorda que haya hecho en mi vida, toda de acero. El mango mide casi dos metros y cada filo más de 60 cm de largo. Todo bien revestido para que nada ceda por el peso, alocado, que tiene ese cacharro. Para moverla por la forja, teníamos que hacerlo entre los dos. Obviamente, además tenía algunos detalles con oro. Pero eso ya no me preocupa, me preocupa más que un bicharraco así, que puede partir a una persona en dos solo por peso esté en manos de unos locos.
Contra más hablaba del arma, más pasaba de la preocupación a la histeria. Había empezado a quitarse trozos de la armadura de encima, sobrepasado por la situación.
— Ah, sí, los bandidos. Están escondidos en alguna de las minas abandonadas. Aunque todas están conectadas, hay muchas entradas que se abandonaron cuando se abrieron otras más cerca del hierro. Querían armas gratis, los muy canallas.
Miré al herrero y miré a Eri. Me había ignorado por completo.
—Nabi—
![[Imagen: 23uv4XH.gif]](https://i.imgur.com/23uv4XH.gif)