18/01/2019, 02:47
Las mejillas de la chica ganaron color al momento de escuchar el comentario de Kazuma. Hizo un gesto con la mano, agitándola levemente, como quitándole importancia a lo que ella había dicho.
—¡Aah…! N-no es… No es pa-para tanto… Es… es… es solo… —Reflexionó por un segundo. Sí, ella también sentía ese jardín como poesía —. Es solo mi hogar.
Su casa tenía ambos polos: por un lado, el jardín, donde paseaba, se relajaba y meditaba. A veces sola, a veces acompañada de su hermana. Por otro, estaba la arena, o el área de entrenamiento, de un tamaño similar al jardín, pero con más rocas, algunas de gran tamaño, y con muchas menos plantas bonitas, y sin estanque, claro. En ella entrenaba y combatía, tanto sola como con Kuumi.
”No puedo negar eso. Kuumi es parte de todo lo mío. De lo que soy y de lo contrario a mí. Tal vez es ella mi pensamiento de paz…”
—¿Oh? Pe-pero si Hanamura-san… Bueno… Hanamura-san ya se expresa muy… ahm… Su discurso es claro. Y profundo. Creo. ¡Creo que usted haría un muy buen poeta! —Ranko le sonrió con dos mejillas rojizas enmarcando su boca.
Se habían detenido. Habían llegado de nuevo al sitio frente a la fuente, delante del banco. La cantidad de gente en los jardines era casi la misma, pero, por unos instantes, Ranko se había olvidado de ellos. Ahora estaba enfocada en las palabras y en las ideas de Kazuma, no en el hecho mismo de hablar.
Y Ranko se sintió normal, como debería sentirse una persona común. O casi.
—¡Aah…! N-no es… No es pa-para tanto… Es… es… es solo… —Reflexionó por un segundo. Sí, ella también sentía ese jardín como poesía —. Es solo mi hogar.
Su casa tenía ambos polos: por un lado, el jardín, donde paseaba, se relajaba y meditaba. A veces sola, a veces acompañada de su hermana. Por otro, estaba la arena, o el área de entrenamiento, de un tamaño similar al jardín, pero con más rocas, algunas de gran tamaño, y con muchas menos plantas bonitas, y sin estanque, claro. En ella entrenaba y combatía, tanto sola como con Kuumi.
”No puedo negar eso. Kuumi es parte de todo lo mío. De lo que soy y de lo contrario a mí. Tal vez es ella mi pensamiento de paz…”
—¿Oh? Pe-pero si Hanamura-san… Bueno… Hanamura-san ya se expresa muy… ahm… Su discurso es claro. Y profundo. Creo. ¡Creo que usted haría un muy buen poeta! —Ranko le sonrió con dos mejillas rojizas enmarcando su boca.
Se habían detenido. Habían llegado de nuevo al sitio frente a la fuente, delante del banco. La cantidad de gente en los jardines era casi la misma, pero, por unos instantes, Ranko se había olvidado de ellos. Ahora estaba enfocada en las palabras y en las ideas de Kazuma, no en el hecho mismo de hablar.
Y Ranko se sintió normal, como debería sentirse una persona común. O casi.
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