22/03/2019, 17:23
Rōga se dirigió a la calle, pero era difícil para el imaginar cómo encontrar a alguien a quién no le conocía las costumbres. No iba a darle media vuelta al pueblo, sería poco útil. El único lugar que se le ocurría para preguntar era la zona donde preparaban el festival. ¿La razón? Por algún lado tenía que empezar. Además, así podría encontrarse con Riko y contarle lo sucedido para que les ayudase a ellos también. Sin embargo, él no iba a encontrar ni al Kaguya en aquel lugar. "¿Qué?"
Entre tanto, la tabernera pasó de la seriedad el enojo con la pregunta del Uchiha.
—¿¡Me estás tratando de ver la cara de idiota!?— creía haberle dejado muy en claro antes que no tenía ni la más remota idea. —No sé a qué estás jugando pero yo no tengo tiempo para andarlo perdiendo contigo, así que deja de hacerte el listo conmigo— Inmediatamente se dio la vuelta. --Para colmo a mí me toca trabajar de más por su culpa— fue lo único que dijo antes de internarse en la cocina para ir a servir algunos platos al comedor.
—¿¡QUÉ!?— Y entonces sintió cómo si las fuerzas se le fueran, desvaneciéndose parcialmente.
—¡Neesan!— Utage hizo lo imposible por acercarse y tomarla en brazos antes de que se cayera.
—Asobu...— Se cubrió el rostro con el brazo mientras sus cabellos rozaban el piso. —Está en la casa, atendiendo a Riko— Y quizás luego ella necesitase atención. Solía hacerse la fuerte, cargando con muchos problemas en la espalda. Pero la noticia del doctor terminó por reventar la olla de presión.
Y todos los presentes retrocedieron ante aquellos gritos, aterrorizados. Incluso una anciana de los presentes desfalleció ante la tensión y algunos otros soltaron lágrimas. Todos querían ayudar, pero nadie sabía cómo en realidad. Ni siquiera estaban conscientes del poco tiempo que les quedaba para actuar en realidad.
Y fue entonces, que el sonido de un caballo en las afueras interrumpió las penurias de los presentes. Dos personas de pasos muy diferentes entraron, uno con unas características espuelas y la otra con unas normales zapatillas: Bandō y Dae.
—¡Fuera de mi camino inútiles!— Apartó a todos, incluyendo a Datsue. —No pueden hacer nada bien...— Farfulló mientras acostaba boca arriba al doctor y colocaba sus manos en su pecho, empujando con fuerza. —¿¡Dónde demonios está Asobu!?— Miró a todos. —No puedo sino retenerlo, pero sólo él puede salvarlo.
Entre tanto, la tabernera pasó de la seriedad el enojo con la pregunta del Uchiha.
—¿¡Me estás tratando de ver la cara de idiota!?— creía haberle dejado muy en claro antes que no tenía ni la más remota idea. —No sé a qué estás jugando pero yo no tengo tiempo para andarlo perdiendo contigo, así que deja de hacerte el listo conmigo— Inmediatamente se dio la vuelta. --Para colmo a mí me toca trabajar de más por su culpa— fue lo único que dijo antes de internarse en la cocina para ir a servir algunos platos al comedor.
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—¿¡QUÉ!?— Y entonces sintió cómo si las fuerzas se le fueran, desvaneciéndose parcialmente.
—¡Neesan!— Utage hizo lo imposible por acercarse y tomarla en brazos antes de que se cayera.
—Asobu...— Se cubrió el rostro con el brazo mientras sus cabellos rozaban el piso. —Está en la casa, atendiendo a Riko— Y quizás luego ella necesitase atención. Solía hacerse la fuerte, cargando con muchos problemas en la espalda. Pero la noticia del doctor terminó por reventar la olla de presión.
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Y todos los presentes retrocedieron ante aquellos gritos, aterrorizados. Incluso una anciana de los presentes desfalleció ante la tensión y algunos otros soltaron lágrimas. Todos querían ayudar, pero nadie sabía cómo en realidad. Ni siquiera estaban conscientes del poco tiempo que les quedaba para actuar en realidad.
Y fue entonces, que el sonido de un caballo en las afueras interrumpió las penurias de los presentes. Dos personas de pasos muy diferentes entraron, uno con unas características espuelas y la otra con unas normales zapatillas: Bandō y Dae.
—¡Fuera de mi camino inútiles!— Apartó a todos, incluyendo a Datsue. —No pueden hacer nada bien...— Farfulló mientras acostaba boca arriba al doctor y colocaba sus manos en su pecho, empujando con fuerza. —¿¡Dónde demonios está Asobu!?— Miró a todos. —No puedo sino retenerlo, pero sólo él puede salvarlo.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
