27/03/2019, 01:33
¡Clotroclonk!— Cierra los ojos. Eso le había dicho Daruu, y eso había dicho, ignorando su risa y lo gracioso que debía resultar para él la situación.
Pero, por alguna razón, imaginar al chico volando con un par de alas, habría sido más creible que lo que estaba por pasar.
En cuanto se dio cuenta, sus pies estaban pisando suelo firme. Y no era el suelo del campo, precisamente. Las piezas que había acercado, de sus marionetas rotas, cayeron de igual manera, haciendo un ruido firme y claro. El marionetista abrió los ojos y observó pasmado el lugar que le rodaba: cuadro paredes, una cama, una ventana... y a lo lejos, lo que se observaba era un acantilado.
Juro abrió los ojos como platos. Estaba en un lugar completamente distinto del que venían.
«"¿Qué diablos ha hecho?"» — No solo le había transportado a él, sino también a las piezas de su marioneta. ¿Qué clase de técnica de alto nivel era esa — « Ya imaginaba que Daruu estaba a otro nivel. Pero... esto... »
Por unos momentos, se preguntó la capacidad que tendría su técnica. ¿Podría llevar a mucha gente? ¿Funcionaría como el Sunshin no jutsu, solo que de forma más rápida? ¿Podría ir a cualquier lugar que él quisiera? Pero la pregunta más importante en ese momento no era precisamente esa, sino que...
... ¿Dónde diablos estaba ahora mismo?
— ¡Siéntete como en casa! Ah, y lo siento por romperte las marionetas, tío... igual me he pasado. —. "¿Sientente como en casa?"
— N-no te preocupes. Están hechas para la batalla — murmuró, aun demasiado sorprendido como para articular más de una frase.
Daruu salió de la habitación, con tranquilidad. Como si no acabará de traerle como por arte de magia a aquel lugar. Sorprendido y asustado a partes iguales, el marionetista no supo que hacer. ¿Debía seguirle? ¿Debía permanecer ahí hasta que volviese?
Finalmente, Juro salió. Supuso que si le había traído ahí tan tranquilamente, es porque era un lugar seguro.
Tras encontrarse con una puerta cerrada en sus narices, continuó por la izquierda. Junto a unos floreros, entonces, descubrió una fotografía. En ella, se veía a una chico, y a la que parecía ser su madre. El marionetista reconoció al instante al chico. ¡Era Daruu!
« No me digas qué... »
Bajó por las escaleras, lentamente, cómo si alguien estuviera durmiendo y no quisiera hacer el más mínimo ruido por despertarle. Al bajar, se encontró con algo que más o menos podía imaginarse: un salón, con una mesa y un sofá para sentarse. A mano izquierda, el chico pudo distinguir una cocina, y luego otra puerta, que bien podría ser una sala de invitados, o bien el baño.
Ahora bien, ¿Dónde estaba Daruu?
— ¿Daruu? — Alzó la voz, tratando de localizar al chico, en aquel lugar —. ¿Dónde me has traído? ¿Es esta tú...casa?
Solo por un momento, Juro había pensando la posibilidad de estar dentro de Amegakure. Pero... eso era ridículo, ¿verdad? ¿Cómo le iba a traer a su villa tan fácilmente?
Juro no se sentó en el sofá. De hecho, se quedó de pie, de forma estática, y bastante incómoda. Se sentía como un gran extraño en aquel lugar, y no quería ponerse para nada cómodo. Por unos momentos, se llegó a olvidar incluso de sus heridas y su dolor tras aquel combate. Sin embargo, estas no desaparecieron, claro esta. Sus piernas temblaban cada dos por tres, luchando por que su cuerpo no cayese. Juro sentía un dolor más que molesto en el costado, allá donde le habían dado la descarga.
Pero, por alguna razón, imaginar al chico volando con un par de alas, habría sido más creible que lo que estaba por pasar.
En cuanto se dio cuenta, sus pies estaban pisando suelo firme. Y no era el suelo del campo, precisamente. Las piezas que había acercado, de sus marionetas rotas, cayeron de igual manera, haciendo un ruido firme y claro. El marionetista abrió los ojos y observó pasmado el lugar que le rodaba: cuadro paredes, una cama, una ventana... y a lo lejos, lo que se observaba era un acantilado.
Juro abrió los ojos como platos. Estaba en un lugar completamente distinto del que venían.
«"¿Qué diablos ha hecho?"» — No solo le había transportado a él, sino también a las piezas de su marioneta. ¿Qué clase de técnica de alto nivel era esa — « Ya imaginaba que Daruu estaba a otro nivel. Pero... esto... »
Por unos momentos, se preguntó la capacidad que tendría su técnica. ¿Podría llevar a mucha gente? ¿Funcionaría como el Sunshin no jutsu, solo que de forma más rápida? ¿Podría ir a cualquier lugar que él quisiera? Pero la pregunta más importante en ese momento no era precisamente esa, sino que...
... ¿Dónde diablos estaba ahora mismo?
— ¡Siéntete como en casa! Ah, y lo siento por romperte las marionetas, tío... igual me he pasado. —. "¿Sientente como en casa?"
— N-no te preocupes. Están hechas para la batalla — murmuró, aun demasiado sorprendido como para articular más de una frase.
Daruu salió de la habitación, con tranquilidad. Como si no acabará de traerle como por arte de magia a aquel lugar. Sorprendido y asustado a partes iguales, el marionetista no supo que hacer. ¿Debía seguirle? ¿Debía permanecer ahí hasta que volviese?
Finalmente, Juro salió. Supuso que si le había traído ahí tan tranquilamente, es porque era un lugar seguro.
Tras encontrarse con una puerta cerrada en sus narices, continuó por la izquierda. Junto a unos floreros, entonces, descubrió una fotografía. En ella, se veía a una chico, y a la que parecía ser su madre. El marionetista reconoció al instante al chico. ¡Era Daruu!
« No me digas qué... »
Bajó por las escaleras, lentamente, cómo si alguien estuviera durmiendo y no quisiera hacer el más mínimo ruido por despertarle. Al bajar, se encontró con algo que más o menos podía imaginarse: un salón, con una mesa y un sofá para sentarse. A mano izquierda, el chico pudo distinguir una cocina, y luego otra puerta, que bien podría ser una sala de invitados, o bien el baño.
Ahora bien, ¿Dónde estaba Daruu?
— ¿Daruu? — Alzó la voz, tratando de localizar al chico, en aquel lugar —. ¿Dónde me has traído? ¿Es esta tú...casa?
Solo por un momento, Juro había pensando la posibilidad de estar dentro de Amegakure. Pero... eso era ridículo, ¿verdad? ¿Cómo le iba a traer a su villa tan fácilmente?
Juro no se sentó en el sofá. De hecho, se quedó de pie, de forma estática, y bastante incómoda. Se sentía como un gran extraño en aquel lugar, y no quería ponerse para nada cómodo. Por unos momentos, se llegó a olvidar incluso de sus heridas y su dolor tras aquel combate. Sin embargo, estas no desaparecieron, claro esta. Sus piernas temblaban cada dos por tres, luchando por que su cuerpo no cayese. Juro sentía un dolor más que molesto en el costado, allá donde le habían dado la descarga.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60