28/03/2019, 23:59
La reacción de los magos no se hizo de esperar: a los tres casi se les cayó la mandíbula al suelo de la impresión, y mientras los dos chicos habían enmudecido, absolutamente perplejos ante la situación, la mujer de los ojos de fuego volvía a balbucear:
—¿Pero c... cómo... Cómo has hecho eso?
Pero Ayame no tuvo tiempo de responder en aquella ocasión. Los dos ayudantes le dijeron a las dos Ayame que se quedaran quietas, mirando hacia donde debía estar el público. Y ambas obedecieron. Volvieron a quedarse a oscuras cuando ellos colocaron de nuevo las tablas traseras del armario en su lugar, y al otro lado de las puertas, Don Prodigio continuaba con su peculiar monólogo sobre las fuerzas místicas de lo desconocido. Y entonces las puertas se abrieron de golpe, cegándolas de nuevo.
—¡Observad, estimados espectadores! ¡Contemplad con vuestros propios ojos el poder de las energías Cósmicas que he convocado aquí! —exclamó, deleitándose—. ¡Ahora, del mismo modo que he separado a esta muchacha en dos mitades idénticas, volveré a unirlas para restaurar el orden mágico del Universo! No queremos que el propio tejido de la realidad etérea quede desgarrado, ¿verdad?
Las puertas volvieron a cerrarse, y las dos Ayame se miraron entre sí.
—No podemos defraudar a las Energías Cósmicas, ¿verdad?
—Será mejor que no lo hagamos. Aunque... sigo diciendo que Kokuō habría hecho mejor de reflejo que yo.
Ambas rieron, y en un abrir y cerrar de ojos, la Ayame de la derecha se desvaneció en una leve nube de humo. Las dos mitades habían vuelto a unirse en una sola.
«Si alguna vez fallo como kunoichi, ya sé a lo que dedicarme.» Pensó, divertida, mientras esperaba que Don Prodigio volviera a abrir las puertas del armario para revelarla.
—¿Pero c... cómo... Cómo has hecho eso?
Pero Ayame no tuvo tiempo de responder en aquella ocasión. Los dos ayudantes le dijeron a las dos Ayame que se quedaran quietas, mirando hacia donde debía estar el público. Y ambas obedecieron. Volvieron a quedarse a oscuras cuando ellos colocaron de nuevo las tablas traseras del armario en su lugar, y al otro lado de las puertas, Don Prodigio continuaba con su peculiar monólogo sobre las fuerzas místicas de lo desconocido. Y entonces las puertas se abrieron de golpe, cegándolas de nuevo.
—¡Observad, estimados espectadores! ¡Contemplad con vuestros propios ojos el poder de las energías Cósmicas que he convocado aquí! —exclamó, deleitándose—. ¡Ahora, del mismo modo que he separado a esta muchacha en dos mitades idénticas, volveré a unirlas para restaurar el orden mágico del Universo! No queremos que el propio tejido de la realidad etérea quede desgarrado, ¿verdad?
Las puertas volvieron a cerrarse, y las dos Ayame se miraron entre sí.
—No podemos defraudar a las Energías Cósmicas, ¿verdad?
—Será mejor que no lo hagamos. Aunque... sigo diciendo que Kokuō habría hecho mejor de reflejo que yo.
«No me meta en estos "juegos" humanos, señorita. Va a ser lo único que le pida jamás.»
Ambas rieron, y en un abrir y cerrar de ojos, la Ayame de la derecha se desvaneció en una leve nube de humo. Las dos mitades habían vuelto a unirse en una sola.
«Si alguna vez fallo como kunoichi, ya sé a lo que dedicarme.» Pensó, divertida, mientras esperaba que Don Prodigio volviera a abrir las puertas del armario para revelarla.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)