14/04/2019, 15:42
—¿¡QUEEEEEEEEEEEEEEEE!?— abrió los ojos como platos.
Lo primero, se lo esperaba. Seguramente Arashi metió mano para sacarlo de la jugada debido a su falta de confianza en él. Pese a que el bandolero dejó atrás esas rencillas familiares hace mucho, el alguacil no. Por mucho que demostrase más amor al pueblo que nadie, el estigma estaba más que clavado.
Sin embargo, esto no fue lo que más le impactó. Sino el hecho de que Homura estaba por tirar a la basura el legado que tanto se esmeraron en resguardar.
—Esa hija de puta...— lucía iracundo, mucho más de lo que se le vio hasta ahora. —No voy a dejar que tiren a la basura el esfuerzo de la gente que dio su vida resguardando el tes-
Galope, galope sonoro. Un sonido no sólo de herradura, sino de tintineo. Se giró. No muchos conocían ese sonido, pero él sí.
—¡Por el amor del dios cardinal, recapacita!— Utage corría al lado del rocín, sudando y suplicando. Ignorado como siempre.
El caballo era de un antinatural color bermejo intenso, incluso para el promedio de equinos de capa alazán. Tenía una pequeña trenza peinada en la crin, rematada en una campanita. Era una bella yegua, de trote coqueto. Ojalá pudiera decirse lo mismo del ogro en cuerpo de mujer que estaba encima. Oh sí. Con el pelo amarrado en una coleta alta, botines con espuelas en lugar de sus sandalias. Pantalón corto de cuero y blusa a cuadros en lugar de su habitual vestido. Remataba con un pañuelo rosa, mientras sus ojos llenos de ira se posaban sobre el Uchiha y el Roger.
—¿Entonces tú vas a dejar que los ríos de sangre sean los que corran en este pueblo? Papá murió por ello, no quiero que las siguientes generaciones sigan cometiendo semejante estupidez— Quedó a unos pocos metros de los otros dos competidores.
—¿Qué mierdas estás tramando, bruta?— le increpó, pero no recibió respuesta.
Homura entonces desvió su mirar a Datsue, sin decir nada. Tomó un libro que llevaba en un saco, uno que el Uchiha conocía bien. Abrió el folio y se detuvo en la página escrita por él.
—Bien, señorito intrépido, ¿así es como quieres jugar?— Arrojó el empastado.
Utage cazó al vuelo semejante peso, casi cayendo al suelo en el intento.
—¡Nee-san tu nunca has cabalgado la ruta y Flamarea no es una montura de carrera!— continuó con sus ruegos, aunque su hermana no le viese. —¡Además el evento es organizado por la casa Reisei, sería mal visto!
—Oh, Utage, pero sí el dueño del hotel y gran heredero de los Reisei eres tú— juntó las manos y ladeó la cabeza de forma tierna, cerrando los ojos con delicadeza. Cómo un dragón en cuerpo de gatito. —Eres un muy buen hermano mayor y sé que nos representarás bien— cabalgó hasta adelante, pasando en medio de Bandō y de Datsue. —No me importa como, pero no voy a dejar que ninguno de ustedes dos se salga con la suya.
Lo primero, se lo esperaba. Seguramente Arashi metió mano para sacarlo de la jugada debido a su falta de confianza en él. Pese a que el bandolero dejó atrás esas rencillas familiares hace mucho, el alguacil no. Por mucho que demostrase más amor al pueblo que nadie, el estigma estaba más que clavado.
Sin embargo, esto no fue lo que más le impactó. Sino el hecho de que Homura estaba por tirar a la basura el legado que tanto se esmeraron en resguardar.
—Esa hija de puta...— lucía iracundo, mucho más de lo que se le vio hasta ahora. —No voy a dejar que tiren a la basura el esfuerzo de la gente que dio su vida resguardando el tes-
Galope, galope sonoro. Un sonido no sólo de herradura, sino de tintineo. Se giró. No muchos conocían ese sonido, pero él sí.
—¡Por el amor del dios cardinal, recapacita!— Utage corría al lado del rocín, sudando y suplicando. Ignorado como siempre.
El caballo era de un antinatural color bermejo intenso, incluso para el promedio de equinos de capa alazán. Tenía una pequeña trenza peinada en la crin, rematada en una campanita. Era una bella yegua, de trote coqueto. Ojalá pudiera decirse lo mismo del ogro en cuerpo de mujer que estaba encima. Oh sí. Con el pelo amarrado en una coleta alta, botines con espuelas en lugar de sus sandalias. Pantalón corto de cuero y blusa a cuadros en lugar de su habitual vestido. Remataba con un pañuelo rosa, mientras sus ojos llenos de ira se posaban sobre el Uchiha y el Roger.
—¿Entonces tú vas a dejar que los ríos de sangre sean los que corran en este pueblo? Papá murió por ello, no quiero que las siguientes generaciones sigan cometiendo semejante estupidez— Quedó a unos pocos metros de los otros dos competidores.
—¿Qué mierdas estás tramando, bruta?— le increpó, pero no recibió respuesta.
Homura entonces desvió su mirar a Datsue, sin decir nada. Tomó un libro que llevaba en un saco, uno que el Uchiha conocía bien. Abrió el folio y se detuvo en la página escrita por él.
—Bien, señorito intrépido, ¿así es como quieres jugar?— Arrojó el empastado.
Utage cazó al vuelo semejante peso, casi cayendo al suelo en el intento.
—¡Nee-san tu nunca has cabalgado la ruta y Flamarea no es una montura de carrera!— continuó con sus ruegos, aunque su hermana no le viese. —¡Además el evento es organizado por la casa Reisei, sería mal visto!
—Oh, Utage, pero sí el dueño del hotel y gran heredero de los Reisei eres tú— juntó las manos y ladeó la cabeza de forma tierna, cerrando los ojos con delicadeza. Cómo un dragón en cuerpo de gatito. —Eres un muy buen hermano mayor y sé que nos representarás bien— cabalgó hasta adelante, pasando en medio de Bandō y de Datsue. —No me importa como, pero no voy a dejar que ninguno de ustedes dos se salga con la suya.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
