19/04/2019, 04:38
—Shunsuke, no escuches nada de lo que te digan, sólo sigue mis instrucciones— El ave irguió sus plumas en gesto amenazante.
Y sin embargo, su plática fue interrumpida por un sonido proveniente desde las entrañas del templo.
El suelo bajo sus pies empezó a retumbar, el agua acumulada de pronto pareció escurrirse entre las arenas. Parte de la puerta de piedra parecía estar moviéndose hacia arriba, aunque con una enorme lentitud al punto que faltaría bastante tiempo para que una persona pudiera escurrirse dentro. Era un enorme muro con cinco metros de grosor en una roca que, era mucho más resistente de lo que pudiera parecer para el tiempo que llevaba sepultada. Aunque muchos dirán que aquello era prueba pura de su resistencia. Pequeños temblores se daban en la zona, y todos ellos ya sabían lo que significaba aquello.
—¡El acceso!— se puso en guardia y observó al grupo invasor.
Para cuando lo hiciera, el ave mayor ya habría extendido un ala y una nube de humo gris fue visible. Shunsuke metió la mano de inmediato en esa neblina y aprovechando la misma como camuflaje lanzaría una dai shuriken con presteza mientras esta tomaba una trayectoria curva en lateral que planeaba en dirección a impactar por el costado a ambos shinobis. Pero eso no fue todo, porque cuando esta estaba al vuelo, el tuerto realizó una cadena de sellos que envolvería el arma en otra nube de humo, dejando ahora a la vista una mastodóntica estrella afilada que amenazaría con partirlos a ambos en dos.
—¡NOJODAS!— Aquello no tenía ni para dónde esquivarlo, o al menos no de forma tradicional. la mejor idea que tenía el Yotsuki, era tirarse de espaldas y dejar que pasara de largo al ras de su integridad, aunque quedaría en muy mala posición. Lo haría únicamente de ver que no existiesen más opciones.
Pero la confianza no iba a curar el cansancio de su animal. Forzarlo demasiado, impediría que pudiese continuar llegado hasta cierto punto. La esposa del alguacil le garantizó que era un animal con buena resistencia, pero aún así existían límites para cada uno. Las dunas eran inclementes, tanto, que encontraría a algunos corredores rezagados, incapaces de seguir y que se encontraban encogidos sobre sí en medio de la tormenta y la nada, incapaces de llegar siquiera al templo en búsqueda de las de por sí escasas flores de nopal rosa.
La carrera que se celebraba cada diez años era probablemente la más dura de todas las competiciones, víctimas de aquella tempuestuosa lluvia.
El camello de Datsue cerraba sus fosas nasales, además que agachaba la cabeza y desaceleraba. Estaba fatigado por el esfuerzo, aunque si seguía recto pronto regresaría a la zona recta de la meseta.
Y sin embargo, su plática fue interrumpida por un sonido proveniente desde las entrañas del templo.
Pom
Pom
POM
¡POM!
Pom
POM
¡POM!
El suelo bajo sus pies empezó a retumbar, el agua acumulada de pronto pareció escurrirse entre las arenas. Parte de la puerta de piedra parecía estar moviéndose hacia arriba, aunque con una enorme lentitud al punto que faltaría bastante tiempo para que una persona pudiera escurrirse dentro. Era un enorme muro con cinco metros de grosor en una roca que, era mucho más resistente de lo que pudiera parecer para el tiempo que llevaba sepultada. Aunque muchos dirán que aquello era prueba pura de su resistencia. Pequeños temblores se daban en la zona, y todos ellos ya sabían lo que significaba aquello.
—¡El acceso!— se puso en guardia y observó al grupo invasor.
Para cuando lo hiciera, el ave mayor ya habría extendido un ala y una nube de humo gris fue visible. Shunsuke metió la mano de inmediato en esa neblina y aprovechando la misma como camuflaje lanzaría una dai shuriken con presteza mientras esta tomaba una trayectoria curva en lateral que planeaba en dirección a impactar por el costado a ambos shinobis. Pero eso no fue todo, porque cuando esta estaba al vuelo, el tuerto realizó una cadena de sellos que envolvería el arma en otra nube de humo, dejando ahora a la vista una mastodóntica estrella afilada que amenazaría con partirlos a ambos en dos.
—¡NOJODAS!— Aquello no tenía ni para dónde esquivarlo, o al menos no de forma tradicional. la mejor idea que tenía el Yotsuki, era tirarse de espaldas y dejar que pasara de largo al ras de su integridad, aunque quedaría en muy mala posición. Lo haría únicamente de ver que no existiesen más opciones.
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Pero la confianza no iba a curar el cansancio de su animal. Forzarlo demasiado, impediría que pudiese continuar llegado hasta cierto punto. La esposa del alguacil le garantizó que era un animal con buena resistencia, pero aún así existían límites para cada uno. Las dunas eran inclementes, tanto, que encontraría a algunos corredores rezagados, incapaces de seguir y que se encontraban encogidos sobre sí en medio de la tormenta y la nada, incapaces de llegar siquiera al templo en búsqueda de las de por sí escasas flores de nopal rosa.
La carrera que se celebraba cada diez años era probablemente la más dura de todas las competiciones, víctimas de aquella tempuestuosa lluvia.
El camello de Datsue cerraba sus fosas nasales, además que agachaba la cabeza y desaceleraba. Estaba fatigado por el esfuerzo, aunque si seguía recto pronto regresaría a la zona recta de la meseta.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
