19/04/2019, 16:56
(Última modificación: 22/04/2019, 05:20 por Sagiso Ranko. Editado 1 vez en total.)
Ranko dio un pequeño salto al ver a Kazuma transformarse. El Henge no jutsu era, por supuesto, familiar para Ranko. Lo que le sorprendió fue la indumentaria con la que apareció: una especie de carnicero salido de una historia de terror. La chica tragó saliva al verlo.
—S-s-se ve… —Pero Ranko no logró formular descripción alguna. Tal vez esa era una respuesta válida, la reacción que el peliblanco podría estar buscando. El chico se fue a hacer fila a una mesa, mientras Ranko susurraba —. A… ¡Ánimos!
”Qué pésima porrista eres, Ranko…”
Procedió a buscar un asiento para lograr escuchar a Kazuma con suma atención. Al encontrarlo, lo vio dar un paso adelante y presentarse de la manera más simple posible, junto con el nombre de su poesía.
”¿Del carnicero? Qué nombre tan curioso…”
Lo que siguió, dejó a Ranko con ojos como platos. No le dio tiempo de analizar lo que el chico decía, o su significado. Quedó un poco pasmada por lo que dijo en sí. Cosas sobre carne, huesos, hienas, venas y tendones. No ayudaba (¿o ayudaba mucho?) el que los movimientos de Kazuma eran tan tétricos y lentos, tan llenos de suspenso como su poesía.
Al terminar, hubo un momento de silencio.
No sabía cómo responderían los jueces, o el resto de los presentes, pero Ranko aplaudió lentamente, casi en automático, anonadada por la interpretación del genin peliblanco. No era que no le hubiese gustado. Estaba segura que, de haber sabido, o de haber estudiado también ella aquel texto, habría captado mejor, y habría sido capaz de apreciarlo adecuadamente. Pero por el momento solo estaba… sorprendida.
”Qué poesía tan… visceral.”
—S-s-se ve… —Pero Ranko no logró formular descripción alguna. Tal vez esa era una respuesta válida, la reacción que el peliblanco podría estar buscando. El chico se fue a hacer fila a una mesa, mientras Ranko susurraba —. A… ¡Ánimos!
”Qué pésima porrista eres, Ranko…”
Procedió a buscar un asiento para lograr escuchar a Kazuma con suma atención. Al encontrarlo, lo vio dar un paso adelante y presentarse de la manera más simple posible, junto con el nombre de su poesía.
”¿Del carnicero? Qué nombre tan curioso…”
Lo que siguió, dejó a Ranko con ojos como platos. No le dio tiempo de analizar lo que el chico decía, o su significado. Quedó un poco pasmada por lo que dijo en sí. Cosas sobre carne, huesos, hienas, venas y tendones. No ayudaba (¿o ayudaba mucho?) el que los movimientos de Kazuma eran tan tétricos y lentos, tan llenos de suspenso como su poesía.
Al terminar, hubo un momento de silencio.
No sabía cómo responderían los jueces, o el resto de los presentes, pero Ranko aplaudió lentamente, casi en automático, anonadada por la interpretación del genin peliblanco. No era que no le hubiese gustado. Estaba segura que, de haber sabido, o de haber estudiado también ella aquel texto, habría captado mejor, y habría sido capaz de apreciarlo adecuadamente. Pero por el momento solo estaba… sorprendida.
”Qué poesía tan… visceral.”
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