5/05/2019, 15:51
—¿QUÉ?— Parpadeó al ver al camello del Uchiha recuperar el ritmo. Debería estar hecho polvo, pero de pronto estaba en pie de guerra, arruinándole los planes.
—Bandō...— La pelirroja le tomó por el cuello de la camisa con un brazo. —Recuerda el trato. Pierde, y voy a asegurarme que no vuelvas a ver la luz del día— Apretó los dientes, desafiante, pese a estar como estaba.
—¿¡Y ahora me sales con esto!? Bruta de mierda, no sé ni para qué te ayudo— negó con la cabeza y vio en la lejanía al camello de Datsue. —Si quieres que gane al menos coopera, distribuyamos el peso para liberar la carga de la espalda de Galante. Tú eres liviana. Tal y cómo te enseñé, ya sabes como echarte al fren- Una sonora bofetada le interrumpió.
—Ah claro, ¿y tú atrás disfrutando la vista no? ¡En tus sueños!— Dijo sonrojada.
—¡Hija de puta malpensada! Es tu culpa que yo vaya tan atrás. Vamos, te ayudaré con tu pierna mala.
Aún con el rubor encima, ella asintió.
El bandolero se quitó de la silla, sentándose en su lugar sobre la grupa del caballo. Homura por su lado ocupó la silla, aunque debido a su pie lastimado tenía la respectiva pierna colgando. Entonces levantó los glúteos y se inclinó para adelante. No hubiese sido nada del otro mundo, salvo por el hecho de que tenía a Bandō atrás de ella sujetándole de la pierna lastimada para que ella pudiese mantenerse erguida mientras el se asía a la silla con la otra mano. Agachado, en una posición un poco comprometedora para con su retaguardia.
—No jales mucho las riendas, a Galante le gusta sacar todo de un tiro, pero no debes dejarlo, Ahora, sólo arre y alcanza a ese camello de mierda.
—¡Arre!— Exclamó a viva voz aún con el rubor encima.
El caballo negro alcanzó al camello, desvaneciendo los cincuenta metros de distancia que les separaban transcurridos doscientos metros del último tramo. Una distancia que parecía poca, pero que en medio de la carrera se antojaban muy, pero muy largos. Estaban a la par y el bandido hizo que Homura bajara la velocidad, pues quería guardar energía para un último arrancón. De lado a lado, había una distancia de unos veinte metros entre ambos animales. No es que Galante sufriese de nerviosismo ante los camellos como otros caballos, pero sabía que entre empujones el caballo llevaba las de perder.
—Bandō...— La pelirroja le tomó por el cuello de la camisa con un brazo. —Recuerda el trato. Pierde, y voy a asegurarme que no vuelvas a ver la luz del día— Apretó los dientes, desafiante, pese a estar como estaba.
—¿¡Y ahora me sales con esto!? Bruta de mierda, no sé ni para qué te ayudo— negó con la cabeza y vio en la lejanía al camello de Datsue. —Si quieres que gane al menos coopera, distribuyamos el peso para liberar la carga de la espalda de Galante. Tú eres liviana. Tal y cómo te enseñé, ya sabes como echarte al fren- Una sonora bofetada le interrumpió.
—Ah claro, ¿y tú atrás disfrutando la vista no? ¡En tus sueños!— Dijo sonrojada.
—¡Hija de puta malpensada! Es tu culpa que yo vaya tan atrás. Vamos, te ayudaré con tu pierna mala.
Aún con el rubor encima, ella asintió.
El bandolero se quitó de la silla, sentándose en su lugar sobre la grupa del caballo. Homura por su lado ocupó la silla, aunque debido a su pie lastimado tenía la respectiva pierna colgando. Entonces levantó los glúteos y se inclinó para adelante. No hubiese sido nada del otro mundo, salvo por el hecho de que tenía a Bandō atrás de ella sujetándole de la pierna lastimada para que ella pudiese mantenerse erguida mientras el se asía a la silla con la otra mano. Agachado, en una posición un poco comprometedora para con su retaguardia.
—No jales mucho las riendas, a Galante le gusta sacar todo de un tiro, pero no debes dejarlo, Ahora, sólo arre y alcanza a ese camello de mierda.
—¡Arre!— Exclamó a viva voz aún con el rubor encima.
El caballo negro alcanzó al camello, desvaneciendo los cincuenta metros de distancia que les separaban transcurridos doscientos metros del último tramo. Una distancia que parecía poca, pero que en medio de la carrera se antojaban muy, pero muy largos. Estaban a la par y el bandido hizo que Homura bajara la velocidad, pues quería guardar energía para un último arrancón. De lado a lado, había una distancia de unos veinte metros entre ambos animales. No es que Galante sufriese de nerviosismo ante los camellos como otros caballos, pero sabía que entre empujones el caballo llevaba las de perder.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
