7/05/2019, 15:22
—Creo, creo que sí...— se sujetó el estómago y la sangre se escurrió a través de sus dedos —Bandō, eres peor que un niño pequeño— Alzó la mirada. —Pero eres un adulto y serás castigado como tal. He sido indulgente contigo demasiado tiempo, pero esto se acaba hoy. Mañana mismo serás enviado a la capital, serás enjuiciado en Inaka. No quiero escuchar ninguna lamentación tuya, porque en Shirotora te dimos muchas oportunidades y todas las desperdiciaste— Empezó a ponerse en pie con ayuda de su esposa.
—¿Oportunidades...?— Torció el gesto. —Siempre dices lo mismo, hipócrita de mierda. Los Reisei fueron los únicos que me tendieron la mano. Los demás sólo querían que me pudriera. ¿Y saben que? ¡Ahora se les hará realidad! ¿Todos felices?
—Esta carrera debería ser algo para festejar. Incluso tú decías que era lo más importante para ti. ¿Como puedes amargarnos así?— Rompió a llorar.
—Para que preguntan si no les importa lo que diga...— Agachó la cabeza.
—Las autoridades centrales no serán tan piadosas contigo. Quizás si vamos a celebrar hoy, que finalmente vamos a librarnos de ti de una vez por todas.
El rubio no respondió, sino que mantuvo baja la mirada. Les dio la razón actuando con ira y se arrepentía de ello. Lo peor, es que si hubiese perdido de forma honorable, no le habría dado tanta importancia. Era solo, que no toleraba la injusticia. No solo por la carrera, sino por todo lo que cargaba en su espalda. Pero a nadie le importaba su historia. Siempre fue así, siempre iba a ser así. Era a lo que se había resignado.
—¡Fuera de mi vista!— Ordenó. Y la muchedumbré se llevó arrastrando al forajido. —Lamento que presenciaras este circo chico— se dirigió a Datsue —¡Vamos al hotel a festejar! La cena de esta noche es cortesía de la casa, ¡todo el pueblo te aclama!— Y entonces soltó un quejido de dolor y se encorvó. —Aunque parece que a mí me tocará celebrar desde una camilla del consultorio por mi puto hermanastro, auch...
Su mujer rió un poco y le ayudó a caminar.
—¿Oportunidades...?— Torció el gesto. —Siempre dices lo mismo, hipócrita de mierda. Los Reisei fueron los únicos que me tendieron la mano. Los demás sólo querían que me pudriera. ¿Y saben que? ¡Ahora se les hará realidad! ¿Todos felices?
—Esta carrera debería ser algo para festejar. Incluso tú decías que era lo más importante para ti. ¿Como puedes amargarnos así?— Rompió a llorar.
—Para que preguntan si no les importa lo que diga...— Agachó la cabeza.
—Las autoridades centrales no serán tan piadosas contigo. Quizás si vamos a celebrar hoy, que finalmente vamos a librarnos de ti de una vez por todas.
El rubio no respondió, sino que mantuvo baja la mirada. Les dio la razón actuando con ira y se arrepentía de ello. Lo peor, es que si hubiese perdido de forma honorable, no le habría dado tanta importancia. Era solo, que no toleraba la injusticia. No solo por la carrera, sino por todo lo que cargaba en su espalda. Pero a nadie le importaba su historia. Siempre fue así, siempre iba a ser así. Era a lo que se había resignado.
—¡Fuera de mi vista!— Ordenó. Y la muchedumbré se llevó arrastrando al forajido. —Lamento que presenciaras este circo chico— se dirigió a Datsue —¡Vamos al hotel a festejar! La cena de esta noche es cortesía de la casa, ¡todo el pueblo te aclama!— Y entonces soltó un quejido de dolor y se encorvó. —Aunque parece que a mí me tocará celebrar desde una camilla del consultorio por mi puto hermanastro, auch...
Su mujer rió un poco y le ayudó a caminar.