Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
La muchacha deslizo su escrito hasta dejarlo al alcance de Kazuma, quien lo tomo con solemnidad y lo acerco a su rostro. De alguna manera esperaba algo mucho más delicado, una expresión mucho más frágil, como la de un diente de león; pero resultaba que hay estaba plasmada una fuerza y una determinación que serían difíciles adivinar viendo la superficie de Ranko, y que aun así subyacían en su interior.

¿Q-q-qué ta… qué tal…? ¿qué tal que-quedó? —preguntaría con voz temblorosa después de un rato.

Es hermoso, Ranko-san —aseguro, mientras la miraba fijamente con una mescla de respeto y agrado—. Sobre todo en la parte de “florece apuntando a los cielos”; ha hecho que… ya sabes, esa cosa que es como un arroyo que sube por la espalda y el cuello…

Era aquella sensación de energía liberada que se sentía con la música cuando es sobrecogedora y sublime; una sensación conocida por todos, pero cuyo nombre él no sabía.

Este es el mío —correspondió, deslizando su poema hasta dejarlo cerca de las manos de la muchacha—. Una prosa… un poco más larga.

El gato

Me eh encontrado con el último aliento de un gato negro; con su eco juro el haber poseído siete vidas. Los dioses acusaron a los demonios de dispensar tan profano don, estos a su vez denunciaron el origen divino de semejante maleficio.

Relató, con risa burlona y arrogante, la manera de jugar con sus vidas y develar los misterios del todo. Acaso por capricho, me permitió saborear la sensualidad del misterio, la identidad de los dioses, la debilidad de los demonios, la pena de los fantasmas y el pensamiento de los budas.

Finalmente, el maullido se dispersa en la luz del plenilunio; la curiosidad ha matado al gato, pero este murió sabiendo… Ahora soy yo su continuidad, quizás otra pregunta en una octava vida.
[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]
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Mensajes en este tema
RE: Los poetas ocultos entre la hierba - por Hanamura Kazuma - 19/06/2019, 21:07


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