Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#7
Pero lo peor fue lo que vino a continuación. Un olor dulzón sedujo su nariz y el estómago de la chiquilla se retorció de pura gula.

«Chocolate...» Pensó para sí, desviando ligeramente la mirada hacia el origen de aquel delicioso olor. Volutas de humo blanco salían de la chimenea de la cabaña vecina, y las palabras de la Malvada Bruja volvieron a resonar en su cabeza:

«Pásate cuando quieras, Ayame-chan, cariño. Esta tarde voy a preparar helado de chocolate casero...»

«Chocolate... Helado de chocolate...»

Sus ojos repararon entonces en una figura menuda, al pie de la cabaña. Estaba allí tirado de cualquier manera, sentado (si es que se le podía llamar de esa manera), con la espalda y las piernas apoyadas en la pared de madera y la cabeza sobre el césped. Daruu leía un libro de aquella extraña guisa. Y entonces, como si hubiese notado que le estaba mirando, volvió la cabeza hacia ella. Y ambos apartaron la mirada de manera inmediata, al unísono.

Vamos, Ayame, arriba. No hemos terminado.

Papá... quiero... quiero helado... —rogó la chiquilla, muerta de envidia—. En Amegakure nunca puedo comer helado... ¿Puedo...?

Zetsuo la contemplaba con los ojos abiertos como platos, incapaz de creer lo que estaba escuchando. Lentamente, sus ojos afilados viajaron a la cabaña de Kiroe, volvieron a posarse en su hija y después repararon en la presencia de Daruu. Se detuvo en absoluto silencio, y entonces frunció lentamente el ceño.

¡Eh, Amedama! ¡Ven aquí!

«¿¡Qué...!?» Se preguntó Ayame, aterrorizada.
[Imagen: kQqd7V9.png]
Sprite por Karvistico.


—Habitación de Ayame: Link

No respondo dudas por MP.
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Mensajes en este tema
¿Al fin un poco de calma? - por Aotsuki Ayame - 1/07/2019, 19:01
RE: ¿Al fin un poco de calma? - por Aotsuki Ayame - 6/07/2019, 23:54


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