7/07/2019, 16:20
(Última modificación: 7/07/2019, 16:25 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
Daruu lanzó un agudo chillido cuando sintió la garra de Zetsuo cerrarse sobre su hombro. El chiquillo alzó la mirada y sus ojos perlados se encontraron con los aguamarina del médico... que entrecerró ligeramente los ojos. Porque en aquellos extraños iris no sólo brillaba el miedo, no. Zetsuo era un auténtico experto desentrañando los misterios de la mente, y descubrió que la tímida mirada de aquel pequeño Daruu escondía algo más.
Escondía desafío.
Una sombra se materializó de repente entre ambos, rompiendo el contacto visual y táctil con un brusco manotazo.
—Deja. A mi hijo. En paz. Ya —ordenó Amedama Kiroe, con ojos chispeantes de furia.
Pero Zetsuo, lejos de amilanarse, le sostuvo la mirada con estoicismo. Si las miradas matasen, ambos se habrían apuñalado varias veces en aquellos segundos cargados de eléctrica tensión.
La mujer le tendió algo a Daruu, dos paletas de chocolate helado.
—Corre, Daruu-kun. Llévale uno a Ayame, anda.
—¡Ayame no...! —comenzó a decir Zetsuo, pero se vio interrumpido.
—¿Tantas ganas tienes de ver a alguien entrenar, Zetsuo-kun? Pues entrenemos.
El médico soltó un gruñido de dolor cuando Kiroe le asestó un violento cabezazo que hizo brotar un delgado hilo de sangre desde la frente. La mujer volvió a la carga con una patada, pero Zetsuo agarró su pierna en el aire y de inmediato descargó un puñetazo contra su estómago. Un puñetazo que escondía una pequeña sorpresa en forma de chakra.
—Ten cuidado, pastelera. No estás en tus mejores... momentos para esto. No me gustaría hacerte daño después de tanto tiempo fuera de servicio —siseó, tan peligroso como una serpiente de cascabel.
Ayame soltó un aullido de terror cuando giró la cabeza y vio la silueta de Daruu acercándose a ella a todo correr con algo en las dos manos. ¿Dos palos? ¡Dos palos! ¿De verdad iba a apalearla de aquella manera?
—¡¡Déjameee!! —sollozó, entre resuellos de cansancio.
Fue justo en ese momento cuando sus pies toparon con una roca. Tropezó con un grito de alarma, rodó por la hierba y terminó quedándose encogida, protegiéndose la cabeza con los brazos y lloriqueando.
—Por favor no... No... No me pegues... —gimoteó.
Escondía desafío.
Una sombra se materializó de repente entre ambos, rompiendo el contacto visual y táctil con un brusco manotazo.
—Deja. A mi hijo. En paz. Ya —ordenó Amedama Kiroe, con ojos chispeantes de furia.
Pero Zetsuo, lejos de amilanarse, le sostuvo la mirada con estoicismo. Si las miradas matasen, ambos se habrían apuñalado varias veces en aquellos segundos cargados de eléctrica tensión.
La mujer le tendió algo a Daruu, dos paletas de chocolate helado.
—Corre, Daruu-kun. Llévale uno a Ayame, anda.
—¡Ayame no...! —comenzó a decir Zetsuo, pero se vio interrumpido.
—¿Tantas ganas tienes de ver a alguien entrenar, Zetsuo-kun? Pues entrenemos.
El médico soltó un gruñido de dolor cuando Kiroe le asestó un violento cabezazo que hizo brotar un delgado hilo de sangre desde la frente. La mujer volvió a la carga con una patada, pero Zetsuo agarró su pierna en el aire y de inmediato descargó un puñetazo contra su estómago. Un puñetazo que escondía una pequeña sorpresa en forma de chakra.
—Ten cuidado, pastelera. No estás en tus mejores... momentos para esto. No me gustaría hacerte daño después de tanto tiempo fuera de servicio —siseó, tan peligroso como una serpiente de cascabel.
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Ayame soltó un aullido de terror cuando giró la cabeza y vio la silueta de Daruu acercándose a ella a todo correr con algo en las dos manos. ¿Dos palos? ¡Dos palos! ¿De verdad iba a apalearla de aquella manera?
—¡¡Déjameee!! —sollozó, entre resuellos de cansancio.
Fue justo en ese momento cuando sus pies toparon con una roca. Tropezó con un grito de alarma, rodó por la hierba y terminó quedándose encogida, protegiéndose la cabeza con los brazos y lloriqueando.
—Por favor no... No... No me pegues... —gimoteó.