2/09/2019, 21:36
Eran pocas las cosas que podían hacer que un joven tranquilo se aventurase en un país vecino, y una de ellas era la curiosidad. Había en la nación de la tormenta un famoso “grupo teatral” con una historia tan larga como misteriosa: existían abundantes registros que le mencionaban desde hace más de ciento diez y ocho años, pero a su vez todos eran superficiales y ninguno hacia descripción alguna de su organización o historia internas.
Como es natural, alrededor de dicha compañía se formó un halo de misterio, una especie de mitología repleta de historias tan fantásticas como inverosímiles. Semejante fama se debió mayormente al testimonio de viajeros, cronistas y escritores asiduos a lo “sobrenatural”. De tal suerte, Kazuma se topó con un relato tan misterioso que le fue imposible el quedar indiferente. Se trataba de un supuesto hecho real: el diario de un famoso investigador cultural que estaba tras la verdad detrás de un numero titulado fantasmagoría. Las entradas del diario relatan cómo se fue encontrando con sucesos inquietantes, hasta que en cierto punto se detienen por completo, dejando en el aire la unión de las conjeturas que le permitirían encontrar una respuesta; siendo lo más misterioso de todo, sus últimas anotaciones:
—El mayor de mis temores no es cruzar al otro lado para develar la verdad, sino el sí podré regresar con ella…
«Que misterioso destino el de nuestro protagonista», pensó Kazuma mientras terminaba de leer el diario por octava vez.
Se movía en una carreta con dirección a la capital de la nación de la tormenta, lugar donde había vivido y desaparecido Gakuto Isekamoto, autor del diario. Además, por primera vez en diez años aquella famosa agrupación reaparecía en sus calles; repentina y discretamente, como solía hacerlo. El velo de Amanozako se llamaba, y dejaba a su paso un oscuro rastro de rumores y legendas.
Como es natural, alrededor de dicha compañía se formó un halo de misterio, una especie de mitología repleta de historias tan fantásticas como inverosímiles. Semejante fama se debió mayormente al testimonio de viajeros, cronistas y escritores asiduos a lo “sobrenatural”. De tal suerte, Kazuma se topó con un relato tan misterioso que le fue imposible el quedar indiferente. Se trataba de un supuesto hecho real: el diario de un famoso investigador cultural que estaba tras la verdad detrás de un numero titulado fantasmagoría. Las entradas del diario relatan cómo se fue encontrando con sucesos inquietantes, hasta que en cierto punto se detienen por completo, dejando en el aire la unión de las conjeturas que le permitirían encontrar una respuesta; siendo lo más misterioso de todo, sus últimas anotaciones:
—El mayor de mis temores no es cruzar al otro lado para develar la verdad, sino el sí podré regresar con ella…
«Que misterioso destino el de nuestro protagonista», pensó Kazuma mientras terminaba de leer el diario por octava vez.
Se movía en una carreta con dirección a la capital de la nación de la tormenta, lugar donde había vivido y desaparecido Gakuto Isekamoto, autor del diario. Además, por primera vez en diez años aquella famosa agrupación reaparecía en sus calles; repentina y discretamente, como solía hacerlo. El velo de Amanozako se llamaba, y dejaba a su paso un oscuro rastro de rumores y legendas.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
