4/09/2019, 23:59
A Karamaru le gustaba decir que era de familia normal, humilde sí, con algunas limitaciones, también, pero su familia era demasiado grande como para ser homogénea. Eran varios los parientes que andaban en negocios de moral cuestionable, y más de uno que se metía en algunos asuntos turbios de los que era mejor no enterarse. Pero ahora el Yamanaka era shinobi, un sinónimo de guardia de seguridad personal para estos locos que conocían los bajos fondos del país. Y como era su familia no podía darles la espalda por más chiflados que estuvieran.
Con el llamado de una carta Karamaru partió a su pueblo para juntarse con su tío y varias damas de avanzada edad de la familia. Una oportunidad de ese trucho negocio de adivinar el futuro surgió en Shinogi-To, esa era toda su información, y allí tenía que estar él para que si la gente se entera que los están estafando y se enojan lo manden al frente a mostrar su placa.
— Todo sea por la guita, la buena plata, que esos choris no se van comprar solos, Además, anda vos a intentar mantener una familia de siete pibes con un trabajito de campo.
Los números de hijos variaban con cada mujer, pero todas con esa voz de anciana justificaban sus acciones. Varias de ellas incluso creían que de verdad tenían poderes sobrenaturales.
Al amejin le pagaban el viaje, no tenía que caminar ni un metro, le daban comida a más no poder porque el negocio juntaba un buen dinero, y lo único que tenía que hacer era quedarse sentado detrás de sus tías todo el día. Porque claro, cualquier tonto que vaya a buscar que le lean el futuro es lo suficientemente tonto como para creer que eso siquiera existe.
Con el llamado de una carta Karamaru partió a su pueblo para juntarse con su tío y varias damas de avanzada edad de la familia. Una oportunidad de ese trucho negocio de adivinar el futuro surgió en Shinogi-To, esa era toda su información, y allí tenía que estar él para que si la gente se entera que los están estafando y se enojan lo manden al frente a mostrar su placa.
— Todo sea por la guita, la buena plata, que esos choris no se van comprar solos, Además, anda vos a intentar mantener una familia de siete pibes con un trabajito de campo.
Los números de hijos variaban con cada mujer, pero todas con esa voz de anciana justificaban sus acciones. Varias de ellas incluso creían que de verdad tenían poderes sobrenaturales.
Al amejin le pagaban el viaje, no tenía que caminar ni un metro, le daban comida a más no poder porque el negocio juntaba un buen dinero, y lo único que tenía que hacer era quedarse sentado detrás de sus tías todo el día. Porque claro, cualquier tonto que vaya a buscar que le lean el futuro es lo suficientemente tonto como para creer que eso siquiera existe.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘ Telepatía ◘