6/09/2019, 23:29
El velo de Amanozako se encontraba en Shinogi-To y todos lo sabían, aunque no hubiese ni un solo afiche ni la más mínima fanfarria. La noticia de su presencia corría rápidamente por las calles y se arremolinaba en los bares; en donde quienes sabían de su existencia intercambiaban “discretamente” historias y anécdotas supuestas.
Aquella resultaba ser una temporada baja para los artistas informales, y este conocimiento se desplazaba con la velocidad de huida de una rata pulgosa. La mayoría de los taumaturgos callejeros preferían tomarse unas vacaciones ante la caída abismal de sus ingresos: las personas solo estaban interesadas en la misteriosa agrupación, de manera que el dinero y el tiempo confluían al propósito de hacerse con unas entradas. Sin embargo, había gente con el valor o la desesperación suficiente como para hacerse pasar por miembros oficiales; y siendo que poco se sabía de quienes integraban el grupo verdadero, era normal que muchos fuesen los incautos que dejasen sus ahorros en manos de los estafadores.
Aquella resultaba ser una temporada baja para los artistas informales, y este conocimiento se desplazaba con la velocidad de huida de una rata pulgosa. La mayoría de los taumaturgos callejeros preferían tomarse unas vacaciones ante la caída abismal de sus ingresos: las personas solo estaban interesadas en la misteriosa agrupación, de manera que el dinero y el tiempo confluían al propósito de hacerse con unas entradas. Sin embargo, había gente con el valor o la desesperación suficiente como para hacerse pasar por miembros oficiales; y siendo que poco se sabía de quienes integraban el grupo verdadero, era normal que muchos fuesen los incautos que dejasen sus ahorros en manos de los estafadores.
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