11/09/2019, 22:23
— Oh, Amanozako es lo oigo, pues claro, si es que de hace días sabía de ustedes seis.
Karamaru había dejado su aperitivo de lado, y su tía ya había comenzado a hablar. Pocos segundos habían pasado desde que el grupo había entrado al local y la vieja ya estaba en plan de mística. Al principio el shinobi se preocupo, vio tantas personas que pensó que venían problemas pero al escucharlos hablar se permitió relajarse un poco.
— Lo que ustedes buscan, aquí lo encontraran, porque yo me preparé para este momento. Los conozco, no a ustedes como personas, sino sus almas. ¿Creen que fue una coincidencia que hayan venido a mi mesa? ¿Cuestiones del azar? Esta señora no es una cualquier mística de callejón.— clavó su mirada, imponente e intimidadora, en los ojos del que la había criticado.
El amejin no tenía ni idea quienes eran esos, no tenía idea de que locuras estaba diciendo su tía, no tenía idea de que era ese Velo de Amanozako. Pero les había visto cara de buena gente, y eso le agradaba. Si no había problemas en el horizonte significaba que podía seguir a lo suyo. Volvió a tomar la comida, se recostó en su asiento, pero aún mantuvo una mirada seria al grupo. Ya que lo habían mencionado y lo tenían en cuenta que mejor que mostrarse un poco como el tipo duro del lugar.
«Pobres salames...» se compadeció.
Karamaru había dejado su aperitivo de lado, y su tía ya había comenzado a hablar. Pocos segundos habían pasado desde que el grupo había entrado al local y la vieja ya estaba en plan de mística. Al principio el shinobi se preocupo, vio tantas personas que pensó que venían problemas pero al escucharlos hablar se permitió relajarse un poco.
— Lo que ustedes buscan, aquí lo encontraran, porque yo me preparé para este momento. Los conozco, no a ustedes como personas, sino sus almas. ¿Creen que fue una coincidencia que hayan venido a mi mesa? ¿Cuestiones del azar? Esta señora no es una cualquier mística de callejón.— clavó su mirada, imponente e intimidadora, en los ojos del que la había criticado.
El amejin no tenía ni idea quienes eran esos, no tenía idea de que locuras estaba diciendo su tía, no tenía idea de que era ese Velo de Amanozako. Pero les había visto cara de buena gente, y eso le agradaba. Si no había problemas en el horizonte significaba que podía seguir a lo suyo. Volvió a tomar la comida, se recostó en su asiento, pero aún mantuvo una mirada seria al grupo. Ya que lo habían mencionado y lo tenían en cuenta que mejor que mostrarse un poco como el tipo duro del lugar.
«Pobres salames...» se compadeció.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘ Telepatía ◘