12/09/2019, 00:08
La anciana hablo y el grupo de jóvenes escucho con la atención de los fascinados, hasta el punto de que su escepticismo comenzaba a disiparse. Menear un poco la carnada había funcionado, puesto que una de las muchachas se acercó con la curiosidad de quien ha mordido el anzuelo.
—Me gustaría que me dijera mi suerte —pidió la jovencita, ya libre de aprensiones y con altas expectativas.
La petición era vaga; pero era eso mismo lo que le daba a la anciana casi infinitas posibilidades para responder de forma ambigua o sentenciosa. Por supuesto, de entre las innumerables opciones debía de escoger las más adecuadas, aquellas que se ajustaran a la información que percibía: las maneras, la forma de hablar, de moverse, su grupo de acompañantes y otros muchos datos. Era aquel trabajo detectivesco y de improvisación lo que diferenciaba a los estafadores mediocres de los verdaderos profesionales.
Sus compañeros se quedaron cerca, atentos a lo que estaba a punto de acontecer.
—Me gustaría que me dijera mi suerte —pidió la jovencita, ya libre de aprensiones y con altas expectativas.
La petición era vaga; pero era eso mismo lo que le daba a la anciana casi infinitas posibilidades para responder de forma ambigua o sentenciosa. Por supuesto, de entre las innumerables opciones debía de escoger las más adecuadas, aquellas que se ajustaran a la información que percibía: las maneras, la forma de hablar, de moverse, su grupo de acompañantes y otros muchos datos. Era aquel trabajo detectivesco y de improvisación lo que diferenciaba a los estafadores mediocres de los verdaderos profesionales.
Sus compañeros se quedaron cerca, atentos a lo que estaba a punto de acontecer.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
