13/09/2019, 03:49
La muchacha se giró un poco y arrojo una fugaz mirada a su grupo, para luego enderezarse con un tierno rubor. Mientras tanto, sus compañeros cuchicheaban atrapados ya por el ingenioso hechizo de la adivina.
Hay una teoría que dice que lo real es aquello que deseamos o permitimos experimentar como tal. En el caso de aquellos jóvenes, deseosos de experiencias nueva y trascendentes, lo místico formaba justa parte de la realidad, justo allí y justo en ese momento: el largo viaje, una ciudad exótica, la camaradería y la juventud exuberante. Todo aquello se transformaba en un potente combustible cuando las condiciones de la ilusión eran las idóneas, al punto de que una pequeña chispa o algunas palabras eran suficientes para iniciar la ignición de sus espíritus aventureros y crédulos… inocentes.
La chica pregunto hasta agotar casi todos los temas de su interés, que casualmente casi agotaban el dinero que llevaba consigo para sus actividades recreativas. Pero la ganancia no terminaría de fluir allí, puesto que en cuanto se levantó sus compañeros de empujaron y riñeron por ver quién sería el siguiente.
Cada cual alegaba tener preguntas de mayor importancia y necesidad; pero bastarían unas palabras de la sabia anciana para ordenarlos según “místicos” designios y que uno a uno pasasen frente a ella. De esta manera transcurrirían otras cinco agotadoras, largas y bien remuneradas sesiones. Y al final, solo quedaría cerrar el puesto y hacer el balance de las ganancias de un día fantástico para el negocio; siendo que, posiblemente, el único portento real era el cómo les había ido.
Hay una teoría que dice que lo real es aquello que deseamos o permitimos experimentar como tal. En el caso de aquellos jóvenes, deseosos de experiencias nueva y trascendentes, lo místico formaba justa parte de la realidad, justo allí y justo en ese momento: el largo viaje, una ciudad exótica, la camaradería y la juventud exuberante. Todo aquello se transformaba en un potente combustible cuando las condiciones de la ilusión eran las idóneas, al punto de que una pequeña chispa o algunas palabras eran suficientes para iniciar la ignición de sus espíritus aventureros y crédulos… inocentes.
La chica pregunto hasta agotar casi todos los temas de su interés, que casualmente casi agotaban el dinero que llevaba consigo para sus actividades recreativas. Pero la ganancia no terminaría de fluir allí, puesto que en cuanto se levantó sus compañeros de empujaron y riñeron por ver quién sería el siguiente.
Cada cual alegaba tener preguntas de mayor importancia y necesidad; pero bastarían unas palabras de la sabia anciana para ordenarlos según “místicos” designios y que uno a uno pasasen frente a ella. De esta manera transcurrirían otras cinco agotadoras, largas y bien remuneradas sesiones. Y al final, solo quedaría cerrar el puesto y hacer el balance de las ganancias de un día fantástico para el negocio; siendo que, posiblemente, el único portento real era el cómo les había ido.
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