26/09/2019, 03:08
Hacía varias horas que Karamaru se encontraba en el mismo local de una de sus tías. Una de las mayores y más experimentadas, aunque no por eso era considerada "la mejor" entre el resto porque en el grupo todas tenían la misma jerarquía. Incluso la más joven que había llegado a Shinogi-To por primera vez. Gente empapada entraba y salía a ratos, con estancias de tiempo que iban variando pero que por lo general no pasaban de unos largos minutos.
«Ningún cliente grande por lo que se ve hoy, mejor así, tengo el día para estar tranquilo»
Nadie causaba problemas, en ningún momento tuvo que hacer sentir en el lugar por algún problema, su tío lo había dejado tranquilo horas antes y por fin estaba seco comiendo un pedazo de pan saborizado caliente. Pero tiempo al tiempo, con calma y paciencia, finalmente un grupo grande como aquel con el que el amejin se había reído tanto volvía a aparecer, aunque se haría desear que soltaran los ryos.
Karamaru se tensionó en un instante, clavó la mirada en una persona que había entrado detrás de aquel común y normal grupo de tontos. Su rostro serio, el pan a un lado. Un hombre bien vestido, de buen porte, demasiado... "bien" para frecuentar aquel antro y esa extravagancia extraña hacia que llame la atención. La anciana en silencio, el hombre elegante con seguridad se movió al frente de un grupo que había tomado un paso atrás sin mediar palabra por el momento. El ruido de las monedas golpeando sonó y la figura de su tío se asomó levemente por la puerta, aún fuera, aún mojándose, pero con la mirada clavada en la nuca debajo de aquel sombrero.
— No toda declaración de su futuro tiene la misma importancia en su camino de vida...— rápidamente tomó el saco de monedas y lo guardó bajo la mesa. La mujer mantenía una calma soberbia—,algunas podrán cambiar radicalmente su dirección y por ende sabrá entender por lógica que el valor de las adivinaciones estarán fijadas por sus preguntas, no por sus monedas.
«Ningún cliente grande por lo que se ve hoy, mejor así, tengo el día para estar tranquilo»
Nadie causaba problemas, en ningún momento tuvo que hacer sentir en el lugar por algún problema, su tío lo había dejado tranquilo horas antes y por fin estaba seco comiendo un pedazo de pan saborizado caliente. Pero tiempo al tiempo, con calma y paciencia, finalmente un grupo grande como aquel con el que el amejin se había reído tanto volvía a aparecer, aunque se haría desear que soltaran los ryos.
Karamaru se tensionó en un instante, clavó la mirada en una persona que había entrado detrás de aquel común y normal grupo de tontos. Su rostro serio, el pan a un lado. Un hombre bien vestido, de buen porte, demasiado... "bien" para frecuentar aquel antro y esa extravagancia extraña hacia que llame la atención. La anciana en silencio, el hombre elegante con seguridad se movió al frente de un grupo que había tomado un paso atrás sin mediar palabra por el momento. El ruido de las monedas golpeando sonó y la figura de su tío se asomó levemente por la puerta, aún fuera, aún mojándose, pero con la mirada clavada en la nuca debajo de aquel sombrero.
— No toda declaración de su futuro tiene la misma importancia en su camino de vida...— rápidamente tomó el saco de monedas y lo guardó bajo la mesa. La mujer mantenía una calma soberbia—,algunas podrán cambiar radicalmente su dirección y por ende sabrá entender por lógica que el valor de las adivinaciones estarán fijadas por sus preguntas, no por sus monedas.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘ Telepatía ◘