29/09/2019, 01:55
(Última modificación: 3/10/2019, 22:09 por Yamanaka Karamaru. Editado 1 vez en total.)
En la cabeza de Karamaru quedó fija la escena que había vivido con aquel señor durante un largo tiempo. Buscaba de maneras de razonarlo lógicamente, entender qué fue, pero nunca llegaba a una buena conclusión. La realidad de esos momentos es que empezaba a asustarse con el negocio que sus familiares se traían entre manos, su tío en particular era el más raro y sospechoso.
Todo se volvió más raro al enterarse de que el hombre que los había visitado había hecho la misma visita a todas sus tías y cada una de ellas comenzó a tener ciertas secuelas. Su tío, preocupado, gasto unas monedas de más y reunió a todas las damas en unos pocos locales que estaban a poco metros uno del otro para poder cuidarlas mejor. Y era suerte para Karamaru porque tenía que caminar mucho menos.
— Te vas a quedar acá. Ante el mínimo problema salís corriendo a dar una mano, ¿entendido?— fue la orden que le dieron a Karamaru sin opción a replica ni pregunta. En el exterior, bajo un techo que lo cubría de la lluvia, pero con la mirada puesta en todas las entradas de los locales de sus tías.
Karamaru no era tan tonto, sabía que algo muy turbio estaba ocurriendo y comenzaba a preocuparse. Las falsas adivinas dejaban de ser falsas, estaban prediciendo correctamente el futuro de las personas y a cada minuto que pasaba el amejin podía jurar que esas mujeres se volvían más y más locas. La preocupación pasaba al miedo por momentos. Calles desoladas y en silencio a ratos, aún con la ignorancia sobre aquel Velo de Amanozako.
Todo se volvió más raro al enterarse de que el hombre que los había visitado había hecho la misma visita a todas sus tías y cada una de ellas comenzó a tener ciertas secuelas. Su tío, preocupado, gasto unas monedas de más y reunió a todas las damas en unos pocos locales que estaban a poco metros uno del otro para poder cuidarlas mejor. Y era suerte para Karamaru porque tenía que caminar mucho menos.
— Te vas a quedar acá. Ante el mínimo problema salís corriendo a dar una mano, ¿entendido?— fue la orden que le dieron a Karamaru sin opción a replica ni pregunta. En el exterior, bajo un techo que lo cubría de la lluvia, pero con la mirada puesta en todas las entradas de los locales de sus tías.
Karamaru no era tan tonto, sabía que algo muy turbio estaba ocurriendo y comenzaba a preocuparse. Las falsas adivinas dejaban de ser falsas, estaban prediciendo correctamente el futuro de las personas y a cada minuto que pasaba el amejin podía jurar que esas mujeres se volvían más y más locas. La preocupación pasaba al miedo por momentos. Calles desoladas y en silencio a ratos, aún con la ignorancia sobre aquel Velo de Amanozako.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘ Telepatía ◘